Hay que recuperar el valor de la palabra y de la humanidad, misma. Pero en la cobardía misma, los que se atreven, son acusados y penalizados por aquellos que entre su temor y la comodidad deciden tomar el bando derrotado y que compromete la vida misma. ¿Acaso no se cansan de perder? Porqué en el fondo, en aquella intimidad fuera de cualquier identificación de grupo, saben que pierden, pues no hacen parte de esos privilegiados así supuestamente les den sus trabajos y les tiren sus sobras. Un trabajo para su supervivencia, sus sobras para sentirse cómplices. No más. Antes de comenzar a pintar sobre aquel lienzo escuchó un par de poemas. Ya no los leía, ¿Para qué? La modernidad le dio la pereza necesaria y en aquel lienzo, no sólo su rabia, sino también su tristeza se plasmaría. - Sin tan solo fuera músico - se decía, mientras preparaba una plataforma para pagar sus deudas antes de emborracharse y volver a cinco o diez años antes. Luego llegaría su cheque. Luego, seguramente, compraría un poco de sexo con alguna mujer que simplemente llevaría su pene a su boca y en la cual jamas tendría una eyaculación, pues es una cuestión que va mas allá del deseo y el placer. Si. Era su droga. Ladroga, diría Caparrós. Un poco de sexo sin amor. Solo sexo oral pue su cuerpo y el de ellas, a pesar del pago, no era para sumergirse. Pasión. Pero sin el éxtasis necesario, solo el intento.
No hay trabajo sin energía. ¿El éxtasis, tan energético acaso no es trabajo? Se supone que el trabajo es transformación (físicamente), pero es simple esfuerzo para garantizarle un capital a alguien. No es felicidad sino sobrevivencia (aquí se cambia la palabra, pues es estar por encima de lo mínimo para vivir en un planeta que necesita donde la vida esta basada en carbono y requiere oxigeno), Entonces ¿Donde queda el éxtasis? La plenitud misma prometida que, en su definición dura unos minutos o segundos; de manera intrínsica, la satisfacción del trabajo propio es efímero, pero el de los otros para el beneficio propio puede durar un poco mas y de ahí la codicia. No. No era una cuestión de correspondencia inmediata para un placer determinado. No. No era en realidad algo de demostrar poder, porque al final el poder es una mentira mantenida por aquellos que simplemente aceptan la opresión. De ahí que allá mártires o subversivos, que al final, dan otra versión incomoda de la historía. Así, que volviendo a las cortas y pequeñas cuestiones humanas, diría Brenda, al momento de la verdad se sabe si aquellas palabras de amor y de lucha son ciertas o no. Tanto como la lealtad, no la fidelidad. La fidelidad es fácil, la lealtad no.
Pero aquel éxtasis es simple. No logra dar algo duradero, lo duradero (igual dentro de todo eso, ese éxtasis debe estar), garantiza la constancia, en ese juego de palabras en el que la felicidad y el placer se entremezclan para que en esa libertad, la verdadera, la especie misma se armonice y logre supervivir (no sobrevivir). Supervivir es darle ese poder a la vida misa, ese valor. Esa posibilidad de expansión más allá de esta decadente civilización en la cual los humanos, incluyendo aquellos que creen que piensan diferente, o aquellos que sienten miedo, intentan sostener para su tranquilidad. La intranquilidad deberá darse por otro generación, no aquella en la cual se tiene un estado, un estrato y un sistema en el cual se hace parte para existir. No para vivir. Diez minutos para las doce. Viernes. La música no era tan genial pero servía para acompañar aquel vaso vacío y aquella soledad, en la cual una pantalla abierta daba la ilusión que ella, al fin respondería. Que estupidez moderna - se decía mientras esperaba que el sueño lo agobiara tanto como para caminar hacia su cama. Diez minutos mas, pronto sería sábado. Muy, muy pronto... - se decía mientras que decidía buscar el silencio. En todo caso es mejor que cualquier ruido que no dice nada. "

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