Los cambios son incómodos y los humanos mismos han descubierto que, siendo realistas, son imperfectos. Incómodos, por así decirlo, y no necesariamente a pesar de que los cambios mismos se tomen como positivos, estos llegan a consecuencias favorables tanto para la vida como para la sociedad misma, pero al fin de cuentas son cambios, suele decirse y es entonces cuando la reflexión debe tomar cierta importancia frente a los sentimientos para que no se termine en ese hastio ante el bloqueo. Tampoco los cambios son radicales y absolutos en la inmediatez; en realidad, toman su tiempo y, si valen la pena o no, solo en el futuro, ante la reflexión y la permanencia, por supuesto, se logra saber su trascendencia. Se sentó en ese extraño silencio a saborear un poco de esa colección de licores que ya no era tan grande como tenía en donde se supone que está su casa. Los libros apilados, los cuadros igual algunos en el muro, otros en el suelo contra la pared, cientos de hojas por varios lados y su cama, donde no solo realmente amaba descansar y no se comparaba a las de las literas de todos sus viajes o la de los hoteles y posadas que visitaba regularmente, sino donde tambien, amaba, y odiaba. Pocas de sus amantes habían estado en ese lecho; algunas no pasaban de la sala y de aquel piso junto a la chimenea, y sin quererlo, esa cama se convirtió en algo especial, donde no solo se sueña, sino que se viven sueños.
El amar y el odiar suelen ser irracionales la mayoría de las veces tanto en lo individual como en lo grupal, pero es peligroso en esto último, pues en ese fanatismo y pasión, solo la mayoría y un poder se impone, cuando se trata realmente de impacto y trascendencia, en esa necesidad y en esa ambición hacia un desarrollo minimo que no necesariamente es la busqueda de la estabilidad, sino mas bien de una capacidad de vida, mas allá de lo positivo que puede considerarse el sobrevivir. El sobrevivir, ante ese bloqueo que genera la confrontación entre el amor y el odio, termina siendo una resignación frustrante y que lleva al final al triunfo de la rabia ante la decepción, y en el mejor de los casos, cuando no hay violencia, en un letargo frustrante que solo lleva a la abnegación de la victima y la sumisión. No, simplemente se dijo ella controlando su deseo, a pesar de que desde que lo vio quería besarlo y sentirlo recorrer su cuerpo. No por nada, disfrutaba hablar con él, escuchar su voz, sentir su olor incluso, pero sus compromisos de amor, sus creencias y todo aquello que rodeaba sus pensamientos que al final llevan a una racionalidad de sometimiento y las contradicciones acerca del amor y de lo que ella odia del mismo y del deseo, terminaban bloqueandola y sumida en sus oraciones ante el pecado que es el sentir. Hace parte de las contradicciones humanas, sin duda, y aunque podría encontrarse cualquier justificación válida, no dejaba de oprimirla y nunca liberarla, como mujer. Él notó esa guerra interna y no dijo nada. Solo dejo que ella misma encuentre el escape de sí misma. Y así fue, y a la mañana siguiente, desnudos, notó cómo ella dormía placidamente, sin pensar en las culpabilidades. Sonriendo. Él también lo hizo y le acarició el rostro. Esa tarde partiría y no quedó la frustración por encima de la obligación. Eran libres, aunque no de sí mismos.
El bloqueo de razón, de sentimientos y de acción es satisfactorio para quienes simplemente se mueven sobre la quietud de los demás. Esa quietud cadavérica, que simplemente recibe ya sin importar si hay aceptación o no por parte de quienes pisotean, el desprecio y la opresión. Sin embargo, en esa esperanza, hay quienes han logrado desbalancear el amor y la rabia o mejor aún, ante el sentimiento, razonar y liberarse o ante el exceso de pensamiento, en su empatía, dejar los odios y enteder que la paz no se trata de inmovilidad, de balance, sino de compromisos ante la justicia (en lo social) y la dignidad (en lo invidual). Esos compromisos generan molestia, por supuesto, en aquellos que se aprovechan de las pasiones y del hastío para bloquear. En su mezquindad y oportunismo, disfrazan en legalidad la quietud conveniente que genera la confrontación entre sentimientos y racionalidad. Afortunadamente hay humanos que han entendido que una cosa son las confrontaciones que pueden construir y otra las contradicciones convenientes que mantienen las ruinas de la destrucción y la decadencia. Sonaba cariñito en una de sus tantas versiones. Ya la noche había entrado y la fiesta, aunque con menos gente de la que se suponía que estaría, lograba su cometido en el barrio y era lo bonito de las fechas previas a la mejor de todas las fiestas, diciembre, aunque faltara más de un mes. Poco a poco la calle se fue llenando de gente que buscaba bailar, hombres, mujeres, y él veía cómo aquellas parejas y personas solas al bailar aquella canción, más que disfrutarla, recordaban sus viejos amores y dejaban los odios posibles. A pesar del ruego del no abandono, en realidad, en algún momento eso fue lo que pasó y llegó el desamparo. Entre todas las historias, podría encontrarse una sola sin decir ninguna palabra, solo viéndolos bailar. Los ojos vidriosos, el coro cantado, la manera como los cuerpos se movían, incluso entre los amantes actuales, hacían de esa canción un himno al deseo y la frustración. Un himno bailable."
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