Sunday, July 10, 2022

Saborear

"Todas aquellas palabras escritas que jamás se leerán, y aún mas están aquellas que por una razón u otra, sin méritos en realidad alguna vez estuvieron ante los ojos de alguien: obligados, para enriquecer a alguien y contribuir a algún adoctrinamiento o aburridos sin nada más que encontrar, ante un mundo que se forja por unos pocos lejos de lo que le se apoda como utopía, pues es preferible para aquellos el temor y la violencia de una distopía en el que algunos, se creen libres y otros les venden aquella creencia. Lo interesante es que mientras mas lo despliegan, ese sentimiento de abnegación ante el destino, los espíritus humanos realmente libres, aumentan tanto el número de ellos como la posibilidad de esa quimera. ¿Cómo¿, simplemente tomando el fruto de de la ciencia, el bien y el mal, no solo saboreándolo, sino entendiéndolo y compartiéndolo, a pesar de todos los malos presagios advertidos. El olor de la hierbabuena fácilmente se extendía por toda la habitación, sentirlo era un presagio que la pandemia en él no había hecho tantos estragos como en los otros. Y sí, habían pasado ya varios meses que en teoría, todo era menos grave, pero la verdad es que la economía y la misma cotidianidad humana necesaria para decir que se esta en una existencia, era más importante, mucho más que la vida misma.  La gente aun moría, algunos se enfermaban menos, otros mas, pero incluso, siendo gente cercana, eso no era ya un tema de angustia para muchos. De ahí que las nuevas guerras y riñas se seguían viendo con la indiferencia de siempre y con el morbo explotable de los dias de inicio. Luego, la vida no importaba. Pues lo vendible continuaba.

Las conversaciones y los debates que entre la razón y el saborear las ideas (¿sera que la sabiduría puede entender como aquello de saborear el conocimiento?) incomoda a aquellos que disfrutan entre el blanco y el negro, ls rutinas y la supuesta calma, con hambre. De una u otra manera, los humanos hablan mas y se baten entre ellos menos, a pesar que se muestre lo contrario: de hecho, hoy se muestra y es una diferencia. Entender una idea, más alla de la arrogancia y el espanto que genera lo desconocido, es más frecuente hoy, incluso ante la ausencia de la lectura mínima necesaria que permite una construcción mental. Los humanos, aprender otra manera de comunicarse, de discernir y desconfiar. Ese mismo olor de la hierbabuena hubiera podido acompañarse con el sabor del ron y ese picor que da al acerca a la boca un mojito. Si, a pesar de estar a trescientos cincuenta kilómetros de distancia en los Andes, podría decirse que estaba en el Caribe. Pero no, era una noche de domingo en la que el simple aroma y sabor de esa infusión era suficiente para reconocerse único y solitario en medio de esa sociedad extraña de saqueadores y sobrevivientes. ¿Y él? Antes creía que estaba fuere de ellos dos, pero en realidad flotaba en la mitad de ellos: saqueando y sobreviviendo. Jugando con esas dos palabras como se quiera, sobrevivir saqueando o saqueando para sobrevivir. 

El conocimiento, acaba ese miedo pues aparece lo desconocido a ser observable con aquella posibilidad de comprensión y algún dia, sino inmediatamente al reconocerse, a ser manipulado y transformado. La humanidad es ágil en eso, y aunque esa agilidad genera más temores, sería peor no hacerlo. Esa posibilidad de transformación alimenta la arrogancia, pero la esperanza igual. Y la construcción de esa utopía de vida pasa por el conocimiento y la posibilidad de creación y preservación. No era momento para un café, o un licor de media noche, solo eso, esa aromática, esa calidez en los labios y dulce natural que traía los recuerdos tanto de labios de otras noches como de ausencia de ellos mismos. Como ahora. Un domingo en el cual afortunadamente no se tiene la desidia del lunes siguiente sino la calma que da la posibilidad de un dormir en paz. Pero antes, habría no solo la contemplación de una ciudad calurosa a pesar de sus mil metros por encima del nivel del mar y los trescientos cincuenta kilómetros de lejanía, también la lectura y el silencio. Saborear la noche, aquella infusión. Luego la lectura y la música, luego la creación y otra vez el silencio.

¿Cuántas palabras deben escribirse para aportar a esa construcción y difusión que logré inspirar a los otros? Los idiomas se vuelven insuficientes tanto como los símbolos, caracteres, fórmulas, organización misma, su gramática, semántica y sintaxis. Llámense lenguajes o interpretadores y permitan tanto la abstracción como la definición. Esa insuficiencia es la que lleva a los humanos a proponer, pero también a limitarse tras el desespero y frustración misma: de ahí que alla alguno que busque limitar a los otros cuando se trata de entendimiento. Y por supuesto, encuentre sus seguidores que ante una incapacidad reconocida, encuentra en otros como él, la armada para restringir a los otros. Antes de la creación, un poco de ruido de la noche. De alguna manera pensaba en qué le gustaría escuchar el rumor del mar al llegar suavemente en una noche sin luna a la playa. Una noche sin brisa, con uno que otro turista y el olor de la sal y de cualquier cosa que se quemara en los labios de los turistas, casi todos extranjeros, que escapaban un poco de su comodidad para experimentar una humanidad de miseria. Sincera con ellos, pero egoísta con sus vecinos con los que compartía esa pobreza. 

Pero, la esperanza que da el conocimiento hace quienes lejos de la doctrina, simplemente compartan las herramientas, ideas y caracteres para construir las ideas que permiten la emancipación. Saborear junto con ellos ese saber. Compartirlo y a veces en esa difusión, igualmente aportar a su arrogancia propia un poco, como recompensa necesaria de reconocerse en los ojos brillantes de los otros y saber que pueden no solo recordar el momento, sino también su nombre. Ya llegaba el silencio. Lejos de esa playa, donde muchas veces sintió que podía amarla a ella, si ella lo amaba a él, se acercó a sus hojas en blanco. Aún era de los que reconocía lo que era un manuscrito en realidad. Las ideas eran confusas, pero al tomar aquella pluma, comenzó a escribir lentamente, luego más rápido. Las palabras fluían alimentadas por el aroma de la hierbabuena en su habitación. Extrañamente, a ruidosa ciudad dejó de serlo, aunque siguió siendo insoportablemente calurosa. No pensaba en la pobreza o en la riqueza, solo en como ese recuerdo del sonido del mar en la playa, los olores y aquella mano calidad en él, eran suficiente."

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