Saturday, November 8, 2025

Dualidad

"Dicen que en las pesadillas y sueños son los temores los que gobiernan, soportados por las frustraciones y anhelos, y a veces, en esa lucidez que da el subconsciente (o la conciencia misma), se despierta o se confronta en ese reino interno. Uno, para romper con ese malestar, huir o liberarse. Dos: si es confrontación, para insistir sin caer realmente en la terquedad, valientemente, y llevar a la vigilia el triunfo sobre todos los miedos y decepciones.  ¿Habrá un tercero o más? Seguramente, pero los seres humanos tienen una fascinación por la dualidad impresionante, si no hay que reconocer lo clasificado como bien o como mal, lo culpable o inocente, pero en esa contradicción, ¿se será entonces víctima y victimario?  Es, de cierta manera, injusto que haya muy poco escrito sobre ella. Pero en ese afán de tener o estar, se olvidó la pasión y, ante todo, se antepuso la necesidad y la culpabilidad. Aquella de la provisión, aquella que quizás el deseo mismo hubiera convertido en amor, a través de la pasión, pero la verdad es que en los tiempos de ruptura, lo mejor es ignorar lo que debe ser y partir. Liberarse, siendo quizás perezoso y cobarde, aunque el hecho de partir implica un esfuerzo que nada tiene que ver con la pereza, y enfrentarse al viaje mismo no es para nada cobardía. Son sentimientos encontrados; son acciones contradictorias que, en esa dualidad, me hacen pensar en ella, extrañarla, pero también no querer ni siquiera escribir su nombre. ¿Por qué? ¿Para qué? Hay muchos motivos y ninguno. 

Las religiones enseñan que solo las víctimas tendrán esa felicidad después de su muerte, pero esas mismas religiones justifican la venganza y la tiranía contra los demás. Bueno, mayoritariamente, sobre todo aquellas que surgieron de la compasión y la sumisión mismas.  En la civilización humana actual, la que se reconoce como predominante, la apatía se esconde tras la ignorancia y la sed de venganza se promueve por la ausencia de justicia. Sin necesidad de razón, es mas, si hubiera un poco de la misma se aceptaría la contradicción, dejando la hipocresia y esperando que la fuerza de la razón y la empatía, tuvieran el poder necesario para acabar con la violencia de los injustos, al menos para contenerlos y hacer que los temores y frustraciones no reinaran en ese mundo real, trascendiendo el mundo de los sueños y pesadillas, de los deseos y anhelos, que incluso en la supuesta vigilia, mas alla de cualquier espacio onirico (rimbonbante) aquello que puede considerarse voluntad humana, consciencia compartida, logre la fuerza suficiente para liberar, desde el individuo. Ella se perdía en un laberinto de escaleras. Supuestamente volvería. Y yo, buscándola, preguntaba en las calles que me aburren, en esa pobreza (no tanta, en realidad), y lo único que pude hacer fue despertar para no aceptar en el sueño que no volvería jamás y que simplemente debía pasar a otra cosa. Y sí.  Aceptar que han pasado más de diez años desde que no volví a mirarla a los ojos y desde la prohibición de mencionar su nombre. Al despertar por segunda vez, pues ese sueño lo tuve después de las seis de la mañana, ya habían pasado dos horas y algo. Salté de la cama. Abrí las cortinas para disfrutar de la luna en un cielo azul y del Vercors. Espere luego un momento. Recordé lo esencial de ese sueño-pesadilla y simplemente comencé a moler el café para, en mi privilegio, pensar que ese temor y esa frustración fueron vencidos por la lucidez de poderme despertar y no continuar en una búsqueda que no me corresponde, y menos en el mundo de los sueños. 

El individuo, el humano. La persona. No un número de identificación o una fuente de pago hacia una sociedad que pareciera olvidar fácilmente sus contratos que permitieron construir eso, civilización o naciones. La persona con un nombre, una sonrisa, una mirada, el ser humano que fácilmente se integra en el odio de las masas hacia quienes, comunitariamente, recuerdan que la evolución no fue una cuestión de competencia egoísta, sino de cooperación. No de sumisión sino de emancipación y transformación, a pesar de que se quiera mostrar que esa transformación mayoritariamente destruye, cuando en realidad igual ha permitido la creación. Y podría afirmarse que esa misma creación ha sido tan maravillosa que incluso permite contar las historias de la aventura que ha sido concebir y desarrollar, y, en el camino, impactar y trascender.  La persona con un nombre que se encuentra y reconoce al otro se fascina por la diferencia, pero igualmente por las similitudes del otro humano con quien coincide y se descubre a sí misma, muchas veces en otro idioma y en otra cultura. Pero otras con el mismo vecino desconocido.  Con aquel con quien comparte, sin saberlo, las pesadillas y los sueños. La pereza y la apatía. La cobardía y todos los temores. No podía entender a aquellos que, en sus ansias de destrucción y en su rabia, continuaban; no soportarían siquiera a quienes podrían hacerlos libres. Tal vez porque, como esclavos, sentían esa frustración de poder ser liberados y no morir todos oprimidos. Quizás por eso escogió el aislamiento y el confinamiento en aquel monasterio, fingiendo que oraba y solo fascinándose con la contemplación y la lectura de todos los libros, mientras igual escribía a escondidas, esperando que algun dia y en otros tiempos menos miserables algun lector fuera mucho mas valiente que él y no solo se atreviera a no aburrise con sus escritos, sino a encontrar las palabras para otra rebelión y luego si, la revolución. Sonó una campana y un monje iba diciendo Tempus est Laudes orandi, avisando que era tiempo de esa oración en medio de la madrugada. Se puso de pie y se acercó al oratorio de su celda. Sacó aquel libro de rezos a la Virgen y, sin mucho fervor interno, pero fingiendo, inició aquel ejercicio que llevaba haciéndolo desde hacía ya diecisiete años. 

¿Y cuándo se comparten los sueños y las pesadillas? Se supone que la fortaleza humana no está en la soledad, sino en la comunidad. Esa misma los libera o los somete. La conversación misma permite construir y la violencia garantiza el silencio, la sumisión y la destrucción. Algunos humanos, en diferentes épocas, prefieren guardar en su presente silencio mientras buscan dejar un testimonio o un legado para que otros mas fuertes que ellos, contribuyan a la liberación, valientemente. ¿Pereza? ¿Miedo? No. Es la dualidad misma y la contradicción misma las que, según lo que ocurra en ese futuro, pueden considerarse sabias o estúpidas.  Depende de lo que pase en ese presente y de cómo la construcción logra ponerse por encima de la destrucción para saber si ambas son válidas o si ninguna lo es. Sí, otra dualidad humana.  Hacía un poco de frío, pero no lo suficiente como para no caminar desde la estación hasta su casa, a las afueras de la ciudad. Como todos los viernes, había mucha gente en los bares, estudiantes, sobre todo, cuyas conversaciones banales se alejaban de las de otras épocas, a pesar de ser lo previo a los mismos eventos, aquellos en los que la misma rabia y desilusión individual se compartían lo suficiente como para ser parte de los tiranos. Y claro, ser la base de aquellos que, en su codicia, destruyen. Quizás aquellos que sabían lo que pasaba discutían en otros lugares. O hacían el amor febrilmente, pues mañana otra guerra comenzaría. "

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