Sunday, November 30, 2025

Deseo de Revancha

(Transformación de una imagen de France 24)
"No es fácil encontrar las palabras muchas veces, y más ante el agobio de todo el ruido que hay de todos lados y que sí, atraganta, ensordece y satura, sin dejar un espacio para que las propias ideas puedan organizarse, sin dejar un momento para la expresión propia, incluso íntima. Se cae entonces en el mutismo, pero es terrible que el humano entonces calle, garantizando que la apatía parecería que reinara y así se le dé ese espacio a la miseria y la opresión. Esa misma que ahoga. Esa misma que llama a cómplices de la miserableza. La frustración propia y la avaricia hacen que se tomen las decisiones por razones cómodas, sacrificando al que ellos consideran prescindible, desvalorizando al humano y, peor aún, a los que realmente son extraordinarios, garantizando que la envidia y la codicia ganen. Y es así como contribuyen a la injusticia. ¿Qué paz o qué desarrollo podrá haber sin justicia? Ellos, en su complicidad, se protegen en sus dioses, acomodan sus leyes y crean normas ignorando la verdad, la razón, la empatía y logran que incluso su propia humanidad se cuestione, dejando que aquello que se llama humano sea lo mezquino y malevolente cuando no es así, no es únicamente eso. También se protegen en la apatía y la envidia de los otros, para mantenerse, en teoría, intocables. Es triste, porque así se fomenta el deseo de revancha, de venganza. Se servía aquel vaso de whisky, sonriendo, burlándose de sí mismo al reconocer que, nuevamente, por una mujer, sin obtener nada a cambio, había tomado una decisión estúpida. Él, que había tenido tres amantes en el año y había no solo besado aquellos maravillosos y diferentes labios, sino también compartido su cama y sus canciones antes de continuar hacia otro puerto. Sin ser marinero, solo un viajero. Un eterno extranjero, que en su casa (si es que eso existe) es llamado extraño. Se sentía estúpido porque al verla a ella, no solo le encantaba escucharla, sentir su sonrisa, aquel brillo de sus ojos, su cabello cobrizo, sino también sentir su calor. Esa parte, igual a ella, le gustaba.  Pues él era un protector. Pero solo hasta ahí. Entonces, volviendo a él, se sentaba frente a la chimenea en esa noche de un invierno que prometía ser extraordinariamente frío, con el único ruido del crepitar de la leña quemándose y su sonrisa que poco a poco se convirtió en risa. No amarga; ya no estaba para eso. Tomó un trago y sintió el ardor de aquel whisky en su garganta. La sonrisa terminó. Sí que quería hacerle el amor, pero no terminar ahí, sino caminar incluso, como en otras historias, tomado de la mano de ella por la Rue de la Poste hacia el puerto y zarpar juntos, al menos una vez. 

Es el sistema humano predominante que ha establecido la perennidad y convierte, a conveniencia, a los individuos en elementos desechables. Una cifra que puede borrarse por garantizar un beneficio más, o el egoísmo y la envidia que acompañan no solo la mediocridad, sino lo nefasto de alguien, haciendo que tristemente los principios, compromisos y valores que se puedan haber creado se cuestionen. Pero la verdad es que hay que partir donde esos principios y compromisos son simplemente un eslogan, pues ¿qué valores pueden tener si aseguran no solo la injusticia sino también el desprecio? Entre sus resos y lágrimas, hipócritamente encuentran su regocijo, y hay quienes, como ellos, acompañan esas lágrimas y ritos que, por supuesto, son importantes que sean vistos.  Caminaba por aquel parque a pesar de que la lluvia amenazaba con iniciar en cualquier momento. Yo lo observaba; sus años de servicio y sabiduría eran admirables, y el sonido de ese clavicornio lejano, en alguna calle perdida entre las murallas de la ciudad, le daba cierta solemnidad al paseo que teníamos en ese momento. Él hablaba sobre la paz de la manera más erudita posible. Yo lo escuchaba, pero mis pensamientos iban hacia otro lado. Pensaba en cómo sería una verdadera reconciliación. Para lograr la reconciliación, debe alguien dar el primer paso. Pero se espera que sea yo. Y a pesar de que lo he dado, no solo una, sino varias veces, se toma como debilidad, se me acusa de tonto y, sí, incluso se me atribuye culpabilidad. Ya no confío en quienes escriben la historia y en quienes la cuentan en este presente, pues así se buscará con mis primeros pasos muchas veces esa reconciliación, que permita nuevas vidas, puede más la arrogancia y la mentira propia que aquel amor y la buena voluntad.  A veces entonces, aparece en mí el deseo de revancha. No, en realidad, de venganza, pues le daría a esta última un nivel más alto, agresivo y violento. Pero eso realmente no es cierto. Ellos, ellas, han obtenido su venganza, fundamentada en lo injusto y la mentira. Me han pisoteado y burlado. Yo, sin embargo, reconcilio y no logro hacerlo realmente conmigo mismo como debería. Igual soy conciliador y he entendido las decisiones tomadas por los otros, por las otras,  como lo que son. Les tengo compasión y desearía dejar de pensar en ellos, en ellas, para poder pasar, como ellos, como, sobre todo, ellas, lo hicieron desde sus mentiras, a otras cosas. Comenzó a lloviznar justo a tiempo para entrar a aquel pub a buscar un poco de cerveza y algo que masticar mientras se continuaba conversando.

Se diría que la constante injusticia garantiza la apatía, pero, afortunadamente, hay quienes no guardan silencio y, al menos, en sus círculos, cuestionan, hablan e incomodan. Algunos toman esos residuos de conversación y los llevan del susurro a la consigna, a la denuncia y a la confrontación. Es ahí cuando la humanidad acaba con los argumentos en torno al oportunismo y la comodidad para garantizar la impunidad, en teoría, exista una calma, pero no paz. La propaganda no logra que el eslogan sea lo suficientemente fuerte y, al contrario, revela la pobreza, la dureza y la simple mala fe. O más bien aquella fe alimentada por la codicia. Aquellos que no guardan silencio son libres, mientras ellos, los que están amordazados por la comodidad, son simples prisioneros y esclavos que nunca se librarán: sus miedos y ambiciones los tendrán sumisos por siempre. Y no hay poder humano que pueda liberarlos, además de que ese poder debe garantizar que aquellos que son valiosos no crean aquel discurso de la prescendibilidad y apoyen la fraternidad y la justicia. Ella, sin decirle nada, me recibía con un beso. Sus ojos, que es lo que más recordaba, se fijaban en mí y simplemente me dijo que yo no lo iba a hacer, que yo no iba a tomar esa iniciativa, y que comprendió que era una tarea de ella.  Igual estaba absolutamente segura de que yo no la rechazaría, que yo la deseaba y que sí, había comenzado a amarla.  Todo era cierto. Aquella noche, fui yo quien tomó la iniciativa de pasar de la ternura a la pasión. Y entonces aquella mirada galante se convirtió en esa mirada de deseo, de mujer, y su cuerpo recibía no solo mis labios, sino también la pasión que la reconocía a ella como amante. Y ella a mí igual, su amador. La galantería entonces se transformó en voluptuosidad y nuestros labios pasaron de aquella sonrisa a un erotismo que solo a veces los artistas logran plasmar en algo descriptible. Al llegar más tarde en la noche, no había el afán de partir. Fusionados, desnudos, sonreíamos y la ternura volvía a nuestra vida.

En realidad, más que un deseo de revancha, es un deseo de justicia por quienes creen en el valor de la reflexión y de la verdad. Hay quienes esperan la justicia divina, pero las decisiones son humanas y es precisamente la justicia humana la que se debe no solo exigir, sino garantizar. Un ser humano honrado y objetivo no es el piadoso, el rezandero ni el obediente. La honradez implica ecuanimidad, objetividad, razonamiento y, sí, incluso empatía, que es muy diferente de la confabulación. Si es por divinidad, como está escrito en los libros religiosos que la mayoría de los seres humanos creen seguir, hay un deseo y una garantía de venganza, pero la venganza no es justicia.  Y la supuesta voluntad divina no debe excusar la intención individual, la resolución y las decisiones humanas. Al contrario, debe responsabilizar antes que culpabilizar e inocentar.  De todas maneras, a pesar de la maquinación conveniente, ellos saben cuando hacen las cosas mal y sus lágrimas públicas y oraciones a sus dioses en voz alta no son lo suficientemente creíbles. Él le había respondido con cierta sorpresa, después de todos estos años. Ya llevaban unos días interactuando, y es la facilidad de cotillear digitalmente, sin esperar a verse o hablar. Ella le escribió en primer lugar y tenía la excusa para decirle que había sido un error si él comenzaba a recriminarle algo. Pero no lo hizo. Lo cual la sorprendió. Ella, por las razones que fueran, fue la que le dejó de escribir de repente, a pesar de que su historia había caducado. A pesar de sus decisiones, que no fueron para nada divinas ni empujadas por algún ente demoníaco o angelical, sino simplemente porque la vida humana no es una, sino muchas vidas, él respondía amablemente. Luego no respondía, sino era él, quien saludaba de primero.  Eso le dio a ella la paz necesaria que le permitió nuevamente pasar a otra vida."

Tuesday, November 25, 2025

Les Alliés

"Que faire lorsque des amis cessent d'être amis et deviennent même ennemis? Les alliés fabriqués dans le discours et l'opportunité sont faciles à gérer, mais ceux avec lesquels on partage des principes et des envies, ceux qui sont aussi admirés que respectés, quand la trahison, la cupidité, sinon son egoïsme, apparaissent, il n'est pas possible d'ignorer et de maintenir une liaison sans raison.  Alors, on se demande s'il est par la force de l'habitude, pour défendre la compréhension et l'empathie, ou simplement par la peur de la solitude. Mais c'est alors qu'on se souvient qu'il vaut mieux être seul qu'en mauvaise compagnie. Et cette phrase peut tout aussi bien servir de prétexte pour garantir l'égoïsme et la solitude eux-mêmes.  Oui, je l'avoue, je suis jaloux de ne pas être regretté ni de recevoir de telles paroles de sa part. Je suis aussi en colère d'avoir été sacrifié non pas une fois, mais plusieurs fois. Lui, en revanche, méritait non seulement sa passion et sa fougue, mais aussi mon sang dans ce sacrifice. Je ne l'ai jamais entendue dire qu'elle détestait autant penser à moi. Mais je l'ai entendu se défendre, et le défendre à lui aussi, alors qu'il était le seul à vouloir la dévorer. Crétin, oui. C'est ainsi qu'on me traite, au milieu des rires. Entre ses orgasmes et la réception des eyaculations dans son corps. Et je ne dis pas cela avec colère, mais avec la paix qui suit la déception et la frustration. Jalousie. Mais pas de mensonges. 

Les humains reconstruisent leur civilisation, ou plutôt maintiennent le système, même si la civilisation et la vie ne peuvent plus le soutenir. Ils rêvent de la fin du monde et de changer le système et continuent de mourir pour que d'autres les dominent. Les humaines laissent leur existence pour ceux qui veulent seulement les voir opprimés afin de rester au sommet et de vivre, pour qu’eux, qui ne sont pas nécessairement les pauvres, mais les misérables, ne fassent que survivre. Dans cette confusion des rôles, il est pertinent de se demander si les alliés qu'ils prétendent être l'ont jamais été réellement, et si cette conviction ne découle pas d'un manque de certitude. De même, il convient de se demander si les ennemis qu'ils affirment être ne le sont pas, créés de toutes pièces pour leur propre commodité. Et en réalité, ils sont plus proches que ceux envoyés pour les anéantir. Voilà comment le diable récompense ceux qui le servent bien. Il pensait que sa grand-mère lui dirait cela, mais elle est restée silencieuse à ce sujet jusqu'à sa mort.  Cependant, il ne put garder cette phrase pour lui et la lui dit à un moment donné, et elle, furieuse, la garda gravée dans son âme, comme dans ces histoires, non pas parce qu'elle lui semblait injuste, mais parce qu'elle était terriblement conforme à ses convictions. Et bien, à un certain moment, il s'est senti satisfait d'avoir cru être le diable. Plus tard, il l'oublierait avec un certain dédain, la phrase, mais jamais à sa grande-mère, sans toutefois l'oublier complètement. Certains après-midi, en observant les amants se tromper et les alliés se trahir, cette phrase lui revenait en mémoire, ainsi qu'à elle, bien sûr. Elle sombrait un peu plus dans la folie à chaque fois qu'elle se rappelait ses paroles lorsque sa trahison avait été révélée.

Alors, qui sont les alliés? Ou plutôt, les amis? Dans un monde où la fraternité est associée à la bêtise et où les principes d'empathie, de bien commun et de non-abus sont associés à la faiblesse et au blocage de la libre émancipation, il semblerait qu'il n'existe que des partenaires d'opportunité. Et cette opportunité temporaire peut changer et, bien sûr, entraîner l'évidente trahison, même si elle a des conséquences désastreuses. Cependant, la véritable amitié et la fraternité, bien qu'ayant des conséquences collectives, dépendent en fin de compte de l'individualité. Elles dépendent d'une décision personnelle, indépendamment du contexte, et ne se manifestent que par intérêt ou par besoin. Les décisions personnelles, d'une manière ou d'une autre, sont partagées à parts égales et, bien sûr, peuvent garantir l'humanité, car il s'agit d'un partage. Il regardait les nuages ​​dériver au-dessus de lui tandis que la neige froide l'enveloppait lentement. Le vent était violent, et bien qu'une série d'événements l'ait conduit à cet endroit, là n'était pas la question. Ce qui importait, c'était comment et pourquoi, tant de fois, il s'était laissé sacrifier, ou plutôt, simplement écarter au profit d'une opportunité meilleure, ou du moins plus divertissante. Si j'étais riche, pensait-il, je voudrais garder les mêmes problèmes que les pauvres ; c'est amusant. Il se souvenait de cette phrase entendue quelques semaines auparavant, à l'autre bout du monde. Et bien sûr, il ne pouvait s'empêcher de penser que cette femme riche s'amusait en réalité de ses propres problèmes – les problèmes des pauvres. Il sourit. Lentement, il se releva et contempla le paysage désolé qui l'entourait. Il se mit à marcher lentement, avec une douleur lancinante à l'estomac. Derrière lui, une tache de sang subsistait, dont il découvrirait plus tard l'origine. Drôles de problèmes de pauvres, se dit-il en riant doucement.

Ensemble, il est plus facile de surmonter les frustrations et de résister véritablement à la cruauté et aux abus. Parfois, nous pouvons même triompher de ce que l'humanité a jadis qualifié de mal, par exemple la volonté d'un seul être humain ou d'une de ses divinités. C'est dans cette solidarité que nous reconnaissons nos véritables alliés, car, au-delà des simples opportunités, les alliances permettent à la fois la coopération et la lutte nécessaires à la défense de tous, et non d'un seul. Malgré les craintes et les distractions, nous ne pouvons céder à l'individualisme ; à tout le moins, le dialogue est essentiel. Comprendre et renouer le dialogue, apprendre à se connaître et à se reconnaître mutuellement, sont cruciaux. Nous devons reconnaître qu'au-delà des simples opportunités, il existe des valeurs partagées, ainsi que des valeurs créées ensemble par l'alliance. Nous ne devons pas réduire l'alliance à un objectif unique au sein d'une vision partagée déconnectée de la réalité, qui n'est en fin de compte que la vision des opportunités d'une seule partie, suivie par d'autres par peur ou par simple habitude. Dès lors, l'amitié et la fraternité prennent un sens qui dépasse la simple opportunité, rendant la déloyauté et la trahison très difficiles. L'humanité devient alors fidèle à elle-même et loyale à la vie, à commencer par l'individu.  Anneysha savait qu'elle était belle, et elle en fut encore plus convaincue en reconnaissant l'admiration dans son regard. Ils sourirent. Ils échangèrent peu de mots à ce moment-là, mais plus tard, seuls, ils purent se confier davantage. La conversation dura des heures, et entre cette conversation et leur première promenade main dans la main, puis leur premier baiser, et enfin toutes leurs étreintes, peu de jours, peu de nuits s'écoulèrent. Tout sembla s'être déroulé en une seule nuit. Elle le reconnut comme son allié et il la reconnut. Nul besoin d'attendre. Et c'est ce qui rendit cette rencontre extraordinaire, contre toute attente. Ce n'est pas pour rien que son nom signifie présence, camaraderie. "

Thursday, November 20, 2025

Stubbornness

"It is difficult to determine to what extent (or how far) one should uphold principles that, in one way or another, become tiresome or seem to lead nowhere. The same doubts arise about love, or even desire itself, and it is then that everything becomes clear: the answer is that one has been mistaken about the small matters. Or worse, one inspires someone one doesn't love. That person, of course, isn't interested. And it's not so much because the wrong message is being sent, but because motivation leads to wonder—toward forgiveness, persistence, fighting, and stubbornness. In that stubbornness, the individual asks why others inspire it. Why has he suffered it himself? When she told me she'd slept with my best friend, I wasn't surprised. Or maybe I was, but not because it was with him; I knew from the beginning—just like she did—and I still fell in love with her. The unpleasant surprise was that he was the one who betrayed me. Not her, in the end, since that's just her nature. The frustration is that I couldn't motivate either his loyalty or her fidelity. More than a blow to the ego, it was primarily a blow to my pride. The pleasant surprise was that she told me herself, and that I, not out of foolishness (which is why I think I should look for that Dostoevsky book), but out of what I’d call wisdom, not only gave myself the chance but also gave it to her, and allowed him to remain "my friend." All this until his stubbornness—and what certainly justified his actions—insisted that she be unfaithful to me. And yes, even then, I stayed with her. I fell in love, and I believe she loved me. Even so, when she left me after several years, I expected it, because it's in her nature. Sometimes I miss her, and she doesn't think about me. I don't believe it. Maybe I don't inspire her, and in that respect, my stubbornness doesn't go that far.

It's not merely optimism or resistance, but rather endurance. That same endurance enables a person to withstand the unbearable, including injustice, and even justify it—often for misguided reasons—yet still hold onto hope for something better. It's complicated, as those who attempt to theorize might say, and perhaps they are right. But complexity doesn't justify resignation, even if it tries to explain it. And in that explanation, there is not only comfort; in any case, there are many words that people try to use to explain the inexplicable in terms of acceptance. It was regrettable. The purple flowers weren't enough, and a phone call would have been necessary, even years later, even now. She knew it. She always knew it, and when she decided to do it, it was too late. Suddenly, he realized that fifteen years had already passed. Then twenty, and then it hurt too much to do it, so it became recurrent, constant. His pride, like his youth and his life, was already calling for oblivion to avoid suffering. And him? The interesting thing is that he hadn't been heard from for years. Perhaps he had died and been reborn. Or perhaps when he died, he moved on to something else.

Human beings, citizens, forget how words are arranged so that their emphasis is on survival rather than on living and making a sound. Insistence and survival, life and stubbornness. These are just words that, when put together and in black, create a spectacular contradiction that could define any human being. And because they isolate themselves from others. The citizen, as such, makes the name fade into oblivion, leaving only a license plate, a registration, a number that hardly reveals who is smiling or who is dying of sleep in a city. Perhaps they should have had more sex, but neither she nor he was in the mood to be together, although he might have done it very well. She, however, wanted someone to help her with her accounts. And perhaps with her dreams, but already realized and financed. In exchange for what? No, it wasn't (only) sex, because she wanted that love she had lost at some point. That passion... but... there's always a but, desire overcomes hunger.

It's not hard to imagine that one could go much further and turn that thought into a source of frustration during intimate moments. But that's not the point. In humans, it's about recognizing a recurring pattern or the disappointment itself. Different eras, different people, but the same result. Hence, the importance of not disregarding history; only if, upon consulting it, the human recognizes the pattern and the moment of rupture. So as not to dwell on it. Despite their resignation and the weight of human nature. "It's not loneliness, it's freedom," he said with a touch of irony. But yes, the truth was that every time he arrived home alone, he'd have a glass of old-fashioned Saint Louis-style bourbon, he admitted it. He remembered, however, other trips, other nights, other autumns and summers when he had simply crossed the avenue holding hands with one of them. And that was more than enough. The moment of remembrance ended with sleep."

Saturday, November 8, 2025

Dualidad

"Dicen que en las pesadillas y sueños son los temores los que gobiernan, soportados por las frustraciones y anhelos, y a veces, en esa lucidez que da el subconsciente (o la conciencia misma), se despierta o se confronta en ese reino interno. Uno, para romper con ese malestar, huir o liberarse. Dos: si es confrontación, para insistir sin caer realmente en la terquedad, valientemente, y llevar a la vigilia el triunfo sobre todos los miedos y decepciones.  ¿Habrá un tercero o más? Seguramente, pero los seres humanos tienen una fascinación por la dualidad impresionante, si no hay que reconocer lo clasificado como bien o como mal, lo culpable o inocente, pero en esa contradicción, ¿se será entonces víctima y victimario?  Es, de cierta manera, injusto que haya muy poco escrito sobre ella. Pero en ese afán de tener o estar, se olvidó la pasión y, ante todo, se antepuso la necesidad y la culpabilidad. Aquella de la provisión, aquella que quizás el deseo mismo hubiera convertido en amor, a través de la pasión, pero la verdad es que en los tiempos de ruptura, lo mejor es ignorar lo que debe ser y partir. Liberarse, siendo quizás perezoso y cobarde, aunque el hecho de partir implica un esfuerzo que nada tiene que ver con la pereza, y enfrentarse al viaje mismo no es para nada cobardía. Son sentimientos encontrados; son acciones contradictorias que, en esa dualidad, me hacen pensar en ella, extrañarla, pero también no querer ni siquiera escribir su nombre. ¿Por qué? ¿Para qué? Hay muchos motivos y ninguno. 

Las religiones enseñan que solo las víctimas tendrán esa felicidad después de su muerte, pero esas mismas religiones justifican la venganza y la tiranía contra los demás. Bueno, mayoritariamente, sobre todo aquellas que surgieron de la compasión y la sumisión mismas.  En la civilización humana actual, la que se reconoce como predominante, la apatía se esconde tras la ignorancia y la sed de venganza se promueve por la ausencia de justicia. Sin necesidad de razón, es mas, si hubiera un poco de la misma se aceptaría la contradicción, dejando la hipocresia y esperando que la fuerza de la razón y la empatía, tuvieran el poder necesario para acabar con la violencia de los injustos, al menos para contenerlos y hacer que los temores y frustraciones no reinaran en ese mundo real, trascendiendo el mundo de los sueños y pesadillas, de los deseos y anhelos, que incluso en la supuesta vigilia, mas alla de cualquier espacio onirico (rimbonbante) aquello que puede considerarse voluntad humana, consciencia compartida, logre la fuerza suficiente para liberar, desde el individuo. Ella se perdía en un laberinto de escaleras. Supuestamente volvería. Y yo, buscándola, preguntaba en las calles que me aburren, en esa pobreza (no tanta, en realidad), y lo único que pude hacer fue despertar para no aceptar en el sueño que no volvería jamás y que simplemente debía pasar a otra cosa. Y sí.  Aceptar que han pasado más de diez años desde que no volví a mirarla a los ojos y desde la prohibición de mencionar su nombre. Al despertar por segunda vez, pues ese sueño lo tuve después de las seis de la mañana, ya habían pasado dos horas y algo. Salté de la cama. Abrí las cortinas para disfrutar de la luna en un cielo azul y del Vercors. Espere luego un momento. Recordé lo esencial de ese sueño-pesadilla y simplemente comencé a moler el café para, en mi privilegio, pensar que ese temor y esa frustración fueron vencidos por la lucidez de poderme despertar y no continuar en una búsqueda que no me corresponde, y menos en el mundo de los sueños. 

El individuo, el humano. La persona. No un número de identificación o una fuente de pago hacia una sociedad que pareciera olvidar fácilmente sus contratos que permitieron construir eso, civilización o naciones. La persona con un nombre, una sonrisa, una mirada, el ser humano que fácilmente se integra en el odio de las masas hacia quienes, comunitariamente, recuerdan que la evolución no fue una cuestión de competencia egoísta, sino de cooperación. No de sumisión sino de emancipación y transformación, a pesar de que se quiera mostrar que esa transformación mayoritariamente destruye, cuando en realidad igual ha permitido la creación. Y podría afirmarse que esa misma creación ha sido tan maravillosa que incluso permite contar las historias de la aventura que ha sido concebir y desarrollar, y, en el camino, impactar y trascender.  La persona con un nombre que se encuentra y reconoce al otro se fascina por la diferencia, pero igualmente por las similitudes del otro humano con quien coincide y se descubre a sí misma, muchas veces en otro idioma y en otra cultura. Pero otras con el mismo vecino desconocido.  Con aquel con quien comparte, sin saberlo, las pesadillas y los sueños. La pereza y la apatía. La cobardía y todos los temores. No podía entender a aquellos que, en sus ansias de destrucción y en su rabia, continuaban; no soportarían siquiera a quienes podrían hacerlos libres. Tal vez porque, como esclavos, sentían esa frustración de poder ser liberados y no morir todos oprimidos. Quizás por eso escogió el aislamiento y el confinamiento en aquel monasterio, fingiendo que oraba y solo fascinándose con la contemplación y la lectura de todos los libros, mientras igual escribía a escondidas, esperando que algun dia y en otros tiempos menos miserables algun lector fuera mucho mas valiente que él y no solo se atreviera a no aburrise con sus escritos, sino a encontrar las palabras para otra rebelión y luego si, la revolución. Sonó una campana y un monje iba diciendo Tempus est Laudes orandi, avisando que era tiempo de esa oración en medio de la madrugada. Se puso de pie y se acercó al oratorio de su celda. Sacó aquel libro de rezos a la Virgen y, sin mucho fervor interno, pero fingiendo, inició aquel ejercicio que llevaba haciéndolo desde hacía ya diecisiete años. 

¿Y cuándo se comparten los sueños y las pesadillas? Se supone que la fortaleza humana no está en la soledad, sino en la comunidad. Esa misma los libera o los somete. La conversación misma permite construir y la violencia garantiza el silencio, la sumisión y la destrucción. Algunos humanos, en diferentes épocas, prefieren guardar en su presente silencio mientras buscan dejar un testimonio o un legado para que otros mas fuertes que ellos, contribuyan a la liberación, valientemente. ¿Pereza? ¿Miedo? No. Es la dualidad misma y la contradicción misma las que, según lo que ocurra en ese futuro, pueden considerarse sabias o estúpidas.  Depende de lo que pase en ese presente y de cómo la construcción logra ponerse por encima de la destrucción para saber si ambas son válidas o si ninguna lo es. Sí, otra dualidad humana.  Hacía un poco de frío, pero no lo suficiente como para no caminar desde la estación hasta su casa, a las afueras de la ciudad. Como todos los viernes, había mucha gente en los bares, estudiantes, sobre todo, cuyas conversaciones banales se alejaban de las de otras épocas, a pesar de ser lo previo a los mismos eventos, aquellos en los que la misma rabia y desilusión individual se compartían lo suficiente como para ser parte de los tiranos. Y claro, ser la base de aquellos que, en su codicia, destruyen. Quizás aquellos que sabían lo que pasaba discutían en otros lugares. O hacían el amor febrilmente, pues mañana otra guerra comenzaría. "

Write and Transcend

"It's admirable how those writers managed to write and to transcend. Time makes their words (which were sometimes not entirely thei...

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