Es ridículo quienes definen los valores occidentales como supremos. Es ridículo igual hablar de los valores orientales o del sur o del norte, cuando en realidad el sistema humano basado en la apropiación y opresión garantizó por siglos un juego de hipocresías y premios mayoritariamente racistas. Ahora quizás no se sea hipócrita y la avaricia y hastio y miserableza y todo aquello que no solo por comas sino por diferentes "y-es" podrían enlazarse, pero es temible cómo se acepta y justifica lo inaceptable, y (otra vez), cuando con ruido se banagloria de la mezquindad quienes se suponen dirigen mayoritariamente el mundo. Cuando se besaron, recordó por qué para él era mucho más importante ese beso o el caminar juntos en la orilla del Elba, que penetrarla o tener sexo con ella. Ella no lo esperaba , tampoco, y luego, sin esperar que amanecieran juntos, estaría tomando un tren que él dejara Europa para volver a sentir aquellos orgamos y fluidos con éL; ella simplemente quería sentirse mujer y no quien asumiera toda la responsabilidad del mundo.
Entonces, afortunadamente, hay quienes en minoría resisten y se rebelan. Sin aceptar ni el temor basado en la perdida de la comodidad y el matoneo como el terror causado por el genocidio, que ya ni siquiera necesita de razones religiosas, sino de la simple estúpidez de la gente. Ni siquiera su ignorancia, porque ellos conocen. No pueden decir que no sabían, porque muchos no solo han gritado, otros han mostrado así terminarán con su vida, ni siquiera para ocultar la verdad, sino por la rabia que da el hecho de ser cuestionados quienes llegaron como refugiados y visitantes y ahora, junto con otros, han invadido y asesinado, garantizando ante todo la venganza y no la comprensión. La humanidad se trata de comprensión y compasión, y esta civilización de dominio y acumulación. La música lo hacía dormir. Estaban tan agostados que a pesar del hambre, ignorarían el llenar su estómago con algo. Hacía parte de aquella minoría que comía porque quería y no porque necesitaba hacerlo, así que podía tomarse el lujo de no hacerlo y dormir sin hambre. No todos pueden hacerlo, como dormir sin miedo a que la noche misma los atrape y los lleve lejos de lo que conocen, de quienes aman y de quienes viven la mañana, no la sobreviven y no resisten. Son apáticos. Bueno, eso sí es una mayoría.
Sí, en minoría, hablan, conversan y discuten sin llegar (aún) a batirse y sacar dentro de sí aquella violencia en torno a la defensa, no al ataque. En torno a la pacificación y no al ataque desenfrenado de quienes solo aman la guerra sin haber estado nunca en realidad en ella. Es fácil no solo generarla y lanzarla una vez generada, sino mantenerla. A veces, por desgaste se acaba, mayoritariamente, el acabar implica que la minoría no fue lo suficientemente fuerte y esta simplemente desaparece dejando cadáveres y heridos, así como leyendas y versiones que no logran borrar las tristezas de los ojos y las lágrimas marcadas en las mejillas. Ya pronto estaría todo oscuro y con frío. Era cuestión de horas, no de meses. Sus ojos verdes, de otros tiempos, no se cerraban por el sueño, y contrariamente a lo que se pensara, tendría mucho más por ver. Ella lo supo mucho tiempo después cuando también se dio cuenta de que tenía mucho por contar. ¿Por qué no? Las historias de la noche no eran solo de un hombre que atravesaba con su lanza las calles, sino también de una mujer que simplemente había aprendido que era una sombra y las sombras daban miedo. Pero esta mañana no. Y al contrario, todo parecía ser libertad y confianza."

