La percepción, normalmente se basa en lo que los sentidos (y las creencias) producen como sensación. Pero, esa percepción muchas veces no tiene nada que ver con el hecho o la realidad. Falta el análisis. Los humanos son expertos en justificar sus decisiones, normalmente malas, en percepciones y sentimientos y no en el análisis de lo que se siente o si, se percibe. De ahí que ese sentimiento se use como excusa ante la equivocación. Pero en un mundo donde los datos pueden ser parte de una colección de análisis para tomar una decisión, que sin ser la mejor, al menos es fundamentada, el sentimiento no puede ser suficiente, y la intuición quizás pueda complementar lo que ha sido racionalizado, o darle cierta aceleración a la acción decisiva. Ya la consecuencia de la misma, puede verse después o pronosticarse u observarse como una probabilidad o un estado, pero no dejarse de lado como una voluntad divina e irresponsable. No fui lo suficientemente apreciado como para garantizar una lealtad. Al menos no por los que aposté. Amigos, novias, amantes incluso..., ¿colegas?, ¿compañeros?, ¿discípulos?. Lo reconozco en el calor de un domingo de junio en la madrugada. Entre el sabor del whisky después de un chocolate y el sonido de los acordeones en una fiesta que aunque escuche, no soy invitado. He dicho lo que he podido decir, lo he hablado con quienes creo que en algún momento recordaran mis palabras (y si, lo hago en primera persona), mientras me digo que quizás sea necesario otro tipo de escrito. O un final. ¿Acaso no es tiempo ya de finalizar?. No. No lo es. Y la respuesta es simple porque aún así, llevo la contraria. Aunque lo haga de la manera equivocada. Y si, ha sido una cuestión de precio. No de valor.
Sorprende, en el juego de probabilidades, y no es por la madurez sino por el adoctrinamiento y la comodidad que da el privilegio (cierto privilegio), como las mentes brillantes humanas se oponen a cualquier cambio. Como asumen la defensa de sus verdugos y como justifican sus posiciones con lo irracional incluso, pues se trata de defender su oportunidad. Se les escucha, se les lee y no se logra conectar con ellos. Quizas con sus amos si, pero no con ellos. Por eso, en el momento del juzgamiento ellos hacen parte de los nombres que se olvidan. Pero no debería ser así pues son tan responsables como quienes han sido exitosos en abnegarlos y colocarlos no a su lado, sino en su defensa. Como carne de cañon alimentada por sobras. Y entre esas sobras, por supuesto, surge el odio. El miedo, ya ha estado en ellos antes. Ella tenia razón en algo en aquella conversación: lo que pasó fué lo que debió pasar. Pero es el fruto precisamente de la división, de la efectiva acción de dividir para conquistar: una división fácil entre los oportunistas y los temerosos y los apáticos. Y aquellos que como yo, simplemente nos bloqueamos anodadados entre los traidores y cómodos que seguramente recibirán su juicio histórico. Pero yo, nosotros, yo, lo tengo ahora. Humillado. En una derrota cuya única salida es quizás el partir para hacer algo que trascienda realmente antes de mi muerte. Por la vida misma.
La humanidad sufre las consecuencias de décadas, sino de siglos, de lo que ha enseñado y heredado. Mas allá del conocimiento científico y tecnológico. El sistema gana, la civilización basada en un sistema de saqueo y acaparamiento persiste, la cultura se desgarra y el arte pareciera desaparecer entre slogans y logos. Las mentes se apagan, mientras los algoritmos parecieran encenderse para generar una supuesta productividad. No la vida. Y en eso, los que rezan son exitosos en ignorar esa conciencia y razón humana, pues su esoterismo les promete un juicio después de su muerte, cuando no importa en realidad. El juicio histórico se construye con los hechos en los que ellos están involucrados. Ya hay silencio. Y en ese silencio lograré dormir no sin antes pensar en lo que debí hacer hoy y no hice. En lo que quise escribir y estará escrito algún dia en alguno de esos cuadernos que quizás se quemen (en el que Brenda claramente dijo que eran las pequeñas cuestiones sin importancia) y en el que me sentiré atrapado, entre el temor y la necesidad, entre la frustración, la decepción y la opresión: que al final agota. Y no por mis años, ni mi soledad, ni el pensar en los traidores (tanto en los desleales como en los infieles), sino en mi incapacidad. La incapacidad tercermundista en la que el opresor, tiene el poder que da la estupidez, no la ignorancia."
No comments:
Post a Comment