Si, la buena voluntad no puede simplemente aceptarse en un mundo en el que la información esta allí y existen grupos de personas que tienen las competencias para asumir y exigir una responsabilidad ante las decisiones de los otros, que manipulan y encantan a una mayoría igualmente ignorante. No, la buena voluntad no tiene nada que ver con la conciencia, ni mucho menos con el supuesto bien y mal que tanto le gusta a los seres humanos utilizar. Trataría de decir que se trata de buena voluntad, pero en realidad, él había demostrado que era mas bien una cuestión de buenas oportunidades ante el éxito de la mala fé. ¿Pero como no lograrlo, si la gente simplemente lo acepta y le huye, tan fácilmente? El se sentía lo que había logrado ser: un gamonal y como buen gamonal salía todas las mañanas de la iglesia con su sumisa esposa tomado en gancho del brazo, vestido de blanco y un séquito servil tras de él compuesto por sus empleados y lambones, y en la noche, tras estar con una de sus amantes, rara vez la misma, hacia cuenta de sus monedas antes de insultar a uno de sus trabajadores, para llegar, aun oliendo a sexo, a acostarse con su mujer que como buena católica, lo esperaba para rezar el rosario ntes e una cena que él llevaba mas de veinte años sin probarla, pero exigiéndola.
La voluntad, es destruida por la razón. Y si, algunos dirían que es algo instintivo, pero el humano con esa intuición, logra violenta y temporalmente y es entonces cuando todo se demorona que el personaje lamenta no haber tomado un poco de tiempo para respirar y pensar y tomar una decisión. No simplemente hiperventilarse y lanzarse a un espacio en el que la fuerza y la suerte haen parte de los factores de riesgo a asumir. Es entonces cuando la voluntad propia es ajena y se diviniza. Ella lo había buscado una hora después. Y cuando el le abrió la puerta sin decirle nada se abalanzó hacia él en un abrazo apasionado y un beso que estuvo esperando diez años a que pasara, desde aquel medio dia en el que se reconocieron por primera vez en aquella estación de tren. Se desnudaron, tuvieron sexo oral por mucho tiempo y entre beso y beso luego tuvieron aquel coito esperado. Ella, al sentirlo dentro de si, olvido al fin aquel dolor de espalda que la atormentaba desde meses y en su orgasmo, una lágrima bajo de su ojo izquierdo. El lo notó y tuvo una sonrisa que al notar ella, no solo se avergonzó sino que también se sintió frágil. Cayó en cuenta de su desnudez y al ver los ojos de él y aquella mirada se volvió a sentir realmente deseada, como en su adolescencia. ¿Cuantos hombres hasta hoy? Se dijo. No importaba. Habrían muchos mas seguramente, pero él, esta noche, trascendía, no por él, sino por ella misma.
En un mundo de hombres libres, ¿como es posible aceptar la voluntad divina? O lo peor, aceptar el deseo del otro como la voluntad única y necesaria. Aquella que quita la libertad por un supuesto beneficio mayor, aquel que pasa en el tiempo y permite que los hombres recuerden y creen homenajes, aquellos necesarios para que los resultados de la codicia sean justificados, aquellos que son comprados, escritos y replicados en pinturas y estatuas que nadie vuelve a mirar, salvo para encontrar una manera de aceptar lo repugnante como algo valioso. Pensaba en lo fácil y agradable que era caminar en silencio y en la obscuridad, sin mas miedo que el que da el frio ni mas afan que aquel que llegar a tomar un poco de Calvados antes de dormir. Es lo bueno de robarle el tiempo al sistema - se decía - los pensamientos y la posibilidad de no tener ninguna meta, ningún afán, solo el tiempo presente cuya medida simplemente se convierte en pasos, respiraciones y estrellas que se visibilizan recordando los afanas de un pasado que ya no importa."
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