Hay quienes pasan su vida buscando la definición correcta del amor, y hoy, quienes a partir de reglas, relaciones y variables, automatizan aquella búsqueda, cuando en realidad esa construcción implica un proceso. El deseo, una ambición sentida, no puede ser sentimiento sino sensación y por eso es mas aceptada y apetecida. El amor, junto con el deseo, podría mezclarse en un licor apasionado que como cualquier excelente licor, daría ese éxtasis, que si hay exceso, embriaga y si hay solo el aroma, una promesa que al final aburre. Las justas proporciones, pero la embriaguez en las personas es necesaria. Si, es arte. Y no es solo una cuestión de un arte propio, intimo, sino que debe compartirse con los otros, aunque de paso alimente ese ego - contestaba aquella pregunta mientras todos admirados y ofendidos, buscaban en aquella escultura como lo grotesco, para una sociedad de mojigatos, de mirada seria y culito retrechero como lo decía muchas veces, correrían a masturbarse ocultos, o buscaban en el rostro entre sus amantes, de aquella figura de tierra y bronce. A los dos días seria penalizado por los hipócritas y ella no lo demandaría a pesar de que fuera claro su rostro. Ella lo deseo tanto como lo amó. Y él, solo la deseo. Pero para ella, es y será siempre suficiente.
Mesurarse y aguantar aquella pasión podría considerarse por muchos humanos como lo correcto. Pero la inspiración misma requiere esa explosión de creatividad y la acción que permite la concepción en si misma. Hay muchas mas iniciativas, guerras, aventuras, traiciones, excusas, y riesgos por el deseo, que por amor. Aunque no compromiso, eso, hace parte del amor. Tanto como la inspiración, que no es una simple motivación y tanto los artistas como los filósofos buscan la construcción de palabras adecuada y suficiente para encontrar una definición y su argumento lo suficientemente sólido, como para despejar todas las dudas y evitar todos las muertes posibles. Si, la deseaba. Si, la amaba. En ambos casos cambiaría todo. El amor, permanecería, el deseo no. Aprendería a amar a otras mujeres y el mar mismo lo sabía desde el momento mismo en que zarpó, con el corazón destrozado, asi como también, olvidaría el deseo por ella, no su amor. Desearía y amaría. El vino que lo acompañó esa terriblemente calurosa y quieta noche de febrero para refrescar la garganta pero acalorar su alma le daba las palabras para sentirse en cierto recogimiento: una comunión intima y propia en la proa de un barco que simplemente pasaba por la tela del mar, ante la ausencia de alguna brisa.
En ese romanticismo, el cuerpo y sus componentes de sensación y aquello que es un constructo mental para dar elementos al sentimiento (amor), no solo es fácil enamorarse sino también, volverse a enamorar tras la ruptura. Sentimiento y sensación, construcción y aparición, y es lo interesante de los sentimientos humanos, que en su complejidad, pueden simplemente abstraerse en elementos simples para a partir de esa descripción esencial, darle la evidencia al argumento, y contribuir a la construcción de algo diferente y novedoso, acompañado por ese deseo. Esa ambición, esa sensación y ese sentimiento. Ya no recordaba por que el veintiuno de febrero era o había sido importante. El veinte y dos seguro, pero no había sido sus descensos en el Monte Blanco o en la Grave o aquellas veces que se sumergía en el Caribe, pero nunca en el Mediterráneo. Tenía sed y cuarenta y tantos años. Con cierto pesar, aunque no mucho, escribía en sus memorias que hubiera querido estar sobrio al hacer el amor con Juanita, pero por otro lado, no lamentaba haber disfrutado de la mejor manera aquel excelente ron. Si, fue maravilloso, pero lo era mas su sonrisa. Meses antes y no años con Zenaida hubo esa sobriedad. Pero no fue lo mismo: Juanita es amor y fue deseo. Zenaida un deseo extraordianario que a pesar de la intensidad, no podría llegar a ser nunca amor. ¿Por qué el viente y uno? Ya había tomado lo que le quedaba de la ultima botella que trajo de Cadiz. Y la verdad, la respuesta hoy en dia, no importaba. "
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