El miedo, no ante el terror en cierta parte de la sociedad, sino a perder lo poco que lo mantiene supuestamente privilegiado sobre los otros, suele ser exitoso. Es el verdadero valor de la comodidad y por eso, aquellos que ejercen el poder, saben que no hace falta el terror, sino infundir la incomodidad posible ante la minima protesta, ante la minima posibilidad de crear una comunidad o de fortalecerla, acabando la división o simplificando la masa útil. Pero, porque siempre hay un pero, igual para garantizarlo, se requiere la complicidad de algunos. Comunidad, comodidad, complicidad. Una formula útil en las supuestas mentes brillantes. Observaba desde la torre como construían aquella nueva parte de la muralla. Sin duda, sería útil al momento del ataque de los que por el momento, controlaba al otro lado del mar. Era la madrugada y el sol abrazaba ya. Veía, desnudo como sus tropas desde muy temprano estaban formadas, inútilmente, pero formadas. Había tenido sexo todo el dia de ayer, primero con una de sus amantes de mas bajo rango pero que él mantenía. Eso fué en la mañana, justo antes de volver de la iglesia y asegurarse de mantener la complicidad del altísimo. Reía. Ese era su dios y solamente ese tipo de dioses garantiza su reinado. Luego, en su oficina, había logrado que una de las sacerdotizas supremas le hiciera sexo oral. Lo había disfrutado mientras le escribía una carta a su esposa, que ante la humillación, de que todo el mundo supiera lo que ese rey, su esposo hacia, le había solicitado finalmente el divorcio. Treinta años y algo habían pasado, ella lo sabía pero lo que le molestaba era que ya los otros lo supieran y se burlaban de ella. Mientras la sacerdotiza bebía su semen, y el ni siquiera la observaba pero si se cercionaba que asi fuera, el terminaba de escribir unas cortas palabras en ese sobre en el que simplemente decía: No, no podemos divorciarnos por qué es pecado. Con un gesto le pidió que se fuera. Ni siquiera le sonrió. Solo le acarició un seno y para ella fue suficiente. Entró su abogado y entregándole la carta, sacó una bolsa con algunas monedas de oro y le dijo simplemente: ya sabe que hacer. En la tarde, había aprovechado una breve ausencia del palacio para pasar por donde una de sus viejas amantes. Y en la noche, regresando a la torre, allí estaba su actual amante principal. Su hijo, un idiota, jugaba con las espadas con otros soldados de la corte, y algunos que se hacían llamar caballeros aún. Aprovechó que ella estaba de espalda y había comenzado a penetrarla por detrás. Ella no sentía dolor, y fingía placer. En realidad su éxtasis estaba cuando caminaba entre la corte, con aquellos que intelectual y dentro de esa nobleza eran mas que ella, pero ella, los dominaba. Tanto como el extásis que el sentía al garantizar la sumisión de cada sabio, de cada noble y el destierro de cada verdadero caballero.
Pero, el mundo necesita una resistencia, otra vez y nuevos héroes. Los viejos ya ni siquiera son recordados y los actuales exitosamente han sido despreciados y difamados. En los tiempos de despliegue de datos, no necesariamente la información va a ser validada y la opinión, sin argumento, sin sentido, incluso dada de la manera mas fútil y simplista suele ser aceptada y premiada, de acuerdo al éxito del despliegue. La esperanza, dicen los creyentes, es lo último que se pierde, pero aquella ilusión debe ser una certeza ante la posibilidad de tomar decisiones y fortalecerlas. Y puede que no haya optimismo, pero se trata de construcción, no de fé. De hermandad y colaboración, no de complicidad y agolpamiento para conformar una turba que solo destruye. Había vuelto a sonreír, desnudo junto a una mujer. Le tomó varios años, y le tomaría otros tantos sin duda, a pesar de los afanes, no pensar en ella, en la selva, en la sierra y en la ceniza que queda después de todo. Pero no se trata de eso, no. Aquella sonrisa fue sobre si mismo y era extraño como olvidó reírse de él. De compartir esa risa y esa tranquilidad de no tener que partir hacia algún lado. De correr, de desconfiar. Suspiró mientras la observaba igual reír a ella y sintió como hacia tiempo no lo sentía, que realmente era observado. Se levantó de la cama y fué por un poco de agua para ambos. Afuera, las fogatas de la gente en sus fiestas y el ruido le recordó que eran tiempos extraños. ¿Cuando no?.
Es necesaria valentía sin duda. Y cierta empatía y apreciación hacia la vida misma, el legado que como humano puede dejarse para trascender, o contribuir a la relevancia del ser humano para la vida misma. ¿Arrogancia? No necesariamente pues no se trata de descendencia o de ese trashumanismo que garantiza una peligrosa permanencia, mas no una evolución. ¿Cuantos humanos se plantean al menos la pregunta, a pesar de la incomodidad causada? Las resistencias, no son masivas, son inteligentes y minoritarias. Pero efectivas y eso es lo que teme el sistema mismo, a pesar de la permanencia. Tanto como la rebeldía que representa y la entereza que mantiene esa minoría junta, en una fraternindad que la conveniencia no garantiza, una hermandad en la que el secuaz jamas podrá permanecera, pues su complicidad tiene un precio, no un valor. Diez de la noche y el calor hacia imposible dormir o incluso tomarse un trago de algo. Cualquiera podría afirmar que es el fin de los tiempos, pero la verdad, es que otros tiempos comenzaron hace mucho y muy pocos eran consientes de ello, tanto que no se preocupaban ni por el presente, ni por el pasado y soñaban con un futuro irreal, ilógico y que nunca tendrían. De eso se trataba ese discurso. El, mientras pintaba en aquella terraza con su torso desnudo, buscaba no dejarse sucumbir por ese tedio. La luna le daba la luz perfecta, y pintaba y pintaba aquella lógica pero invisible realidad, aquel presente que no era ni peor, ni mejor que el soñado por sus antepasados. ¿Pero sus descendientes lo entenderían? Tomo un poco de cerveza que ya estaba caliente y se dijo que mas importante que ellos, eran aquellos que se emborrachaban en domingo para poder soportar el dia de mañana."
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