Las palabras dichas por los muertos, parecen ser aquellas que mas se escuchan. Sino leídas. Y más aun si el escuchar, incomodar, parte de aquello que es evidente pero que faltaba la descripción y materialización misma del hecho, en palabras que no solo se replican, sino que permanecen en el tiempo. En tiempos pasados, aquello causaba vergüenza, actos de contrición y penalización. Pero la vergüenza se limpia con riqueza y la misma fé enseñó a hacerlo, por si acaso. Pero hoy, la sociedad misma homogeneizada felicita y simplemente, banaliza la acción y la decisión si es conveniente hacerlo. En últimas su nombre significa hijo y a pesar del odio que sentía por su padre, era como él y por supuesto, disfrutaba del dinero que le había dejado, lo suficiente para incluso estar por encima de los privilegiados. Sin embargo, los celos y cierta rabia hacia si mismo por ser incapaz de ser lo que quiere (para mantener su dinero), lo agobiaba. Tanto como aquellos que intentaron ser sus amigos y aquellas que intentaron amarlo. Al fin de cuentas, a él solo le interesa a quienes puede comprar. Así los controla. Pero como suele pasar, a pesar de aquel poder adquisitivo, siempre hay quien tiene mas y siempre hay quien se cansa de lo que implica tener, para buscar ser.
Los muertos dan miedo y tristeza. "¿Se puede “vivir” aun cuando se conoce lo que no está bien?" es una frase que no es tan original, pero se puede cambiar, con un, ¿se puede banalizar aun cuando se sabe que aquello es importante y contribuye a la decadencia? Una pregunta demasiado larga, que muy a pesar que se puede responder con un si o un no, puede no decirse nada y esa es la respuesta que perdura en la humanidad desde hace siglos. El silencio, el murmullo y las palabrejas encadenadas son entonces las respuestas que no contribuyen sino a mantener la ignorancia y la irresponsabilidad. Ya no importa entender. "¿Se puede “vivir” aun cuando se conoce lo que no está bien?". Yo diría que si, pero no es una cuestión de poder, sino de deber y de entender que es vivir. En tiempos pasados creía en la conciencia, y más en la de la sociedad. Pero la religión y aquello que satisface y se monetiza simplemente la anula. Sobre todo porque en últimas, siempre hay un "por si acaso", para evadir la justicia humana y mentirle a todo el mundo sobre aquella justicia divina, inventada igual por el hombre. Poder se puede, pero no se debería.
Escuchar, incomodar. El hablar al final no incomoda tanto cuando se dicen las palabras correctas, adecuadas, cómodas y que solamente estén allí para aumentar el volumen de la incomprensión y la necesidad misma, tanto del murmullo como del silencio. Entonces, queda aquellas oraciones escritas, que se aprenden, en esa intimidad. Algún experto humano diría que igual se escuchan pero no importa. Aquello que realmente es trascendente es que permite algún tipo de aprendizaje y de miedo ante ese entendimiento. Y ese incomodar posterior genera dinamismo y un poco de entusiasmo a quienes están cansados y asustados ante todos los muertos. Tengo sueño. Caminé por las calles que hace unas semanas recorrí de noche, tarde, entre ebrio y feliz, solo que esta vez fue en la tarde y completamente lucido. Descubrí otros colores y mi voz en otra lengua. No reconocí mi sombra, pero si el hecho que acá, extranjero, es mucho más cómodo que allá, extraño. Y sobre todo, despreciado. Hay muchas maneras de desprecio - se lo dijo alguna vez a alguien - y aquel es el simple hecho de anular. No es olvido, es cancelación. El olvido es libertad, la anulación es un encierro en el cual, el silencio ahoga y aquel murmullo encadena."

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