Un humano se reconoce por lo que quiere ser. Un opresor, un liberador, un destructor, un creador. Sus deseos, ambiciones y el como quiere suplir sus necesidades puede ponerlo encima de los otros o junto a los otros. Compartir o competir. En su privilegio o necesidad, mantener aquella virtud o principio o la conveniencia y comodidad, sea simple o compleja de mantenerla u obtenerla. El humano, en su individualidad, pone en algún momento el placer sobre la felicidad. Y su supuesta felicidad, en muchas ocasiones, lo lleva a pasar páginas para no enfrentarse a sus responsabilidades, pués la culpa la rocía para refrescarse un poco con la saliva de un rezo solitario ante un dios que no existe y eso es suficiente. No tener que enfrentarse a alguna verdad o a la mirada de sus víctimas o sus pares. De alguna manera disfruta el silencio sin entender cuando comenzó a hacerlo. No por una cuestión de edad, sino por lo cansado de las palabras de siempre, de haber perdido el significado de la misma y más aún, por no sentir al saborear así fuera en el sonido del viento, aquello que le parecía un susurro de amor. ¿Pesimismo? Realismo ante no escuchar aquello nuevo, ni siquiera de sus propios labios. El silencio, le daba la razón y lo contradecía.
Hay quienes desean que aquellos que les recuerdan lo miserables que fueron, simplemente desaparecieran para no enfrentarse a sus culpas. Pero muchos, no les importa. Sus ideales, han sido escritos por la conveniencia y eso lo justifica. ¿Qué solidaridad o lealtad? ¿Qué fraternidad o confianza? Al fin de cuenta, aquellos que son solidarios terminan en soledad, según ellos, y la lealtad es una cuestión relativa, afirman con toda convicción. Pues su conveniencia es su beneficio. El resto, hace parte de canciones y leyendas que solo pueden citarse porque son bonitas, pero no son realistas. Y hacia eso, por supuesto, preparan a sus hijos. Para ser tan miserables en aquel espíritu que ellos creen tener, pues se trata de ser listos y oportunistas, incluso sobre quienes ellos hacen creer que son sus amigos. A todos ella le decía que lo amaba. Pero eso, no es amor- Así terminó aquella historía de años atrás. El la escuchaba atento, sin que el juglar supiera que él era uno de los protagonistas. Solitario, oculto más allá de la luz del fuego. Pensaba en que si era cierto, que ella a todos les dijo que lo amaba sobre todas las cosas pero la verdad es que todas las cosas, en realidad es una falacia. Y que en últimas, las cosas acaban cuando deben acabarse, y ya. Ninguna promesa era suficiente. Por eso él había dejado de darlas y cuando las daba, muy a pesar de él y las circunstancias, la cumplía. El no tener su ojo izquierdo se lo recordaba todo el tiempo y el estar en aquel bar de mala muerte, entre la tierra de nadie y la tierra de la huída, mientras los heridos de todas las guerras que no eran la suya, ninguna, deambulaban buscando la muerte mas que la supervivencia bajo la lluvia. El se mantenía, quizás por aquel espíritu romántico que dentro de él, soportaba como otros contaban su propia historía.
Los que comparten hacia donde quieren llegar, quienes quieren ser, normalmente encuentran compañeros y no cómplices. ¿Por qué conspirar cuando se puede ser transparente y andar juntos? No se trata de una oportunidad, sino de una meta común, no para sobrevivir sino para vivir, pero los humanos modernos se enfrentan tanto a una supervivencia que la vida misma y lo que significa se olvida entre cifras, obligaciones, reglas y ordenes. Pero, las reglas y ordenes son escritas y seguidas por humanos, así como las ordenes son impuestas por ellos mismos y hacia ellos mismos. Era una coincidencia y podría maldecirla, pero no, en realidad no importaba pues ya había dejado de notar lo que era un 7 de mayo. Pronto igual lo sería un 7 de diciembre como lo había sido un 15 de febrero, un 7 de agosto y todas esas fechas que al final, recordaban lo hermoso de la vida, sin pensar en la amargura por no ser parte de celebraciones ni de presentes, ni siquiera de una nostalgia, pues estaba completamente seguro de ello. Suspiro, tomo un trago de agua y vio el termómetro: había bajado de 37 grados a 30. Suficiente para al fin buscar dormir. "

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