La soberbia de los humanos llevan al desprecio del bienestar y lo razonable, tanto que desechan la vida misma por la insolencia disfrazada de supuesta gallardía. Mas allá de aquello que puede dar una cierta cantidad de placer, o garantizar una provisión, esa fatuidad desaparece en la soledad, cuando todas las penas y responsabilidades se convierten en culpas y no es posible ignorar la influencia directa sobre si mismo. El humo, las cenizas, pero el mismo fuego atizado si bien no es generado. La desconfianza ante la calumnia, la frialdad ante la frivolidad. La indiferencia ante la ausencia de sentimientos. Incluso si los miembros sociales de la civilización encuentran las palabras para justificar y exaltar su arrogancia. Su nombre deriva de lirio, por lo que es justo referirse a ella como lirio, ya que su nombre esta prohibido por ella misma como la peor de las maldiciones. Es el problema de los herederos y en si, de cualquier lazo monárquico. ¿Cuantos años han pasado ya? Un trago de algo seguro sería más interesante pero es lunes. Un poco de agua, un té, un vino. No. Esta noche no. Otras noches ella le decía a todos sobre el amor que sentía hacia él, un viajero, no un gitano, pero si un espíritu que traspasa varios mundos, con todo lo que implica hacerlo. No habría otro encuentro, ella envejece y se marchita (al fin de cuentas una flor) y él, madura. Seguro morirá en alguna de sus travesías, no tendrá un encuentro con ella y no quería tampoco tenerlo, pues todo lo que pudo escribirle, decirle y hacerle sentir, como aquella última noche en que hicieron el amor en una de sus naves antes de partir. Cuando él regresó, el lirio ya se encontraba con otro, con el peor de todos, un traidor. No fue el primero, ni sería el último, y cada vez llegarían peores. Pero ella, el lirio, simplemente demostró que aquello que decía que era amor, al final solo eran sensaciones de deseo.
Hay humanos que siendo minoría, incomodan a los soberbios pues en ellos puede encontrarse lo que es valioso, a pesar de la monetización extrema y los precios sociales. No son postores, pero dan tiempo, sentimientos y logran una lealtad hacia la vida y la fraternidad, dando sostenibildad. ¿Acaso eso no es amor?. Eso es lo que molesta pues igual, incluso en el silencio, responden ante la arrogancia. Reconocen el placer, pero también la felicidad. Por eso, muchos de ellos son solitarios, sintiendo a veces pena por si mismos por no lograr ni inspirar, ni motivar por los contextos en los cuales están la mayoría de veces. Aquellos en los que la oportunidad y la codicia dan etiquetas en vida. Pero no trascienden en el tiempo, asi sus nombres (los de aquellos que son libres y humanos) sean escritos y quemados. Y las burlas y la perfidia les sea regalado por sus compañeros de existencia. Marsila se alejaba de aquella torre hacia la vida que había escogído tener. No sería mas un martillo ni una mujer libre, no. Su miedo a la soledad y el amor hacia Tsharliz no correspondido como ella quería, simplemente la habían llevado a soportar, fingir y seguir soportando. Tsharliz se sentía culpable, pero no podía permitir que ella partiera hacia las montañas, donde ella no sería nunca reina, porque su reino estaba entre los mares. Aun así, ella casada, volvió a entregarse a él por última vez y él a ella. Tsharliz supó entonces que ella lo amaba y lo deseaba y Marsila que él la deseaba y amaba y por eso no podía permitir que dejara los mares para ir hacia la pobreza de las montañas.
Se entiende la angustia y el hastío, pero no debe tolerarse. También aquello que puede ser la posibilidad del orgullo, del reconocimiento y la admiración (propia) pero no la arrogancia y el desprecio hacia la vida misma, el valor y el amor. Sin embargo, no hay que esperar que por desprecio, todos los que se suponen que entenderían (y sienten) actúen en consecuencia. Normalmente lo notan pero lo vuelven público convenientemente, cuando logrando la excusa perfecta para ellos, es demasiado tarde. Media noche y no se movía ni una sola hoja. Un calor de fin del mundo - decían los viejos que no podían dormir mientras los niños igualmente con insomnio jugaban a reconocer en cada estrella uno de los deseos incumplidos de sus padres. En su soberbia, sus ojos negros se fijaban en el horizonte, pensando que no tenía derecho nunca a sentir un poco de arrogancia u orgullo. Incluso, cuando ella le dijo que lo admiraba, resulto ser tan fugaz como aquel meteorito que acababa de rasgar el firmamento haciendo que los niños escaparan con alegría gritos orgullosos hacia los que no habían logrado verlo y de complicidad hacia aquellos que tenían en el momento justo, los ojos en el cielo. "

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