
"Las palabras muchas veces no logran configurarse en frases que describan un sentimiento o al menos una idea, más cuando lo trágico y horrible de la realidad es sobrepasada o más bien reconocida, en medio de lo que debería ser la normalidad, o más bien, aquello que puede ser fantástico en lo cotidiano. ¿Qué puede considerarse horrible? El dolor, en medio de lo que debería ser alegría. La muerte misma en las iniciativas de vida. Esa incomprensión y sorpresa, el quebrarse en medio de un sufrimiento que es innecesario, pero que igual, existe, a pesar de las reflexiones y respuestas a esos pensamientos. La muerte, que así sea parte de la vida misma, sorprende. Pienso que debí conocerlo más, pues era una persona maravillosa en lo poco que pude interactuar con él. Pero, en realidad ni yo mismo me reconozco desde hace ya tiempo. Conocerlo, quizas, no me haría sentir dolor, o tal vez si, pero de otra manera, en todo caso, lo poco que conversamos, pensé que el se construía ya desde hace rato y yo simplemente, cumplía una función de facilitación hacia sus metas y sueños, pero no su guía, no lo necesitaba. Ahora, muerto, no sabré jamás más allá de un par de conversaciones e ideas que tenía. Pero no tan profundas como para poder discutir, al fin. Y lamento no haberlo conocido más. Sin embargo, siento dolor y reconozco el dolor de su madre y de su amada. Quiero pensar que uno nunca muere y es cierto. Pero tampoco, puede recordarse eternamente. Sin embargo, quisiera que él, fuera recordado por mucho tiempo. Más que por mí.
La vida misma puede ser un recorrido para aprender, independientemente de ese interválo de tiempo que dura o más bien, en el cual existe una conciencia de esa duración. Si, la influencia. Si, las acciones recordadas pero también discutidas, las decisiones y las frases escritas para describir momentos de esa vida. El silencio mismo y el llanto. ¿Que frases decir y cuales no decir?. Ninguna en realidad, pues la vida misma continua, y cualquier palabra dicha puede generar aquella responsabilidad (que ahora se escribe) de garantizar los sueños, hasta la muerte misma. No recuerdo cuantos años tenía cuando murió Giovany o Mauricio, pero si aquello que sentí, tanto como en el mismo momento en el que decidí que habia que ir contra el destino, escribí que la vida que se tenía era una responsavilidad, que se me generaba por la muerte de los otros, prematuramente. Giovany sabía que iba a morir. Tuvo su navidad en marzo y su piñata de cumpleaños lejos de su mes incluso de nacimiento. Cuando murió, no quisé ver su rostro, ni su tumba. Solo me acerque a su feretro, aquel sábado, antes de partir a un campamento que ya tampoco recuerdo donde fué. Me dije, mientras cantabamos la canción de la despedida, que tenía que vivir por él. Como cuando vi por el diario la noticia de la muerte de Mauricio y asi sucesivamente. Mauricio no sabía que iba a morir. No creo que incluso sus asesinos lo supieran. O Tal vez si, pero nosotros, no. Y eso es lo insoportable.
No se puede invadir los espacios de dolor, y no se debería, bajo la excusa del apoyo, intentar esa invasión, a pesar de las supuestas buenas intenciones. Acompañar la muerte es igual, guardar ese silencio cuando no se ha convidado a cargar aquella carga que, intempestivamente, llega mientras la vida debería expresarse enormemente. A pesar de lo crudo que se escucha al leer las frases en voz alta, es la realidad. Aceptar, ¿igual que se puede hacer? En otras situaciones, a lo mejor la terquedad, pero las creencias humanas solo pueden permitir el regocijo ante la muerte misma. Por eso, no por abnegación en realidad, sino por la certeza misma del valor de la vida, se reconoce como se vivió y su influencia durante ese tiempo, que con tristeza, se recuerda. Pues el recuerdo de la vida que ya no se tiene, es triste. Había dejado caer mis lágrimas en soledad mas frecuentemente que con ellas en presencia. Sentía compasión y pensaba en mí, de manera egoísta, en mi. ¿Egoísta? No lo se, podría decir que si mientras las dos de la mañana llega, pero en realidad, la invasión de sentimientos encontrados era suficiente para entender que la muerte no es un final, sino el comienzo de una invasión, ya sea en historía, leyendas o razones de olvido.
No se habla de la muerte, no se escribe de ella a menos que se adorne con el esoretismo suficiente para alimentar los muisterios. La verdad es que el misterio mismo es como lograr ser recordado en medio de un mundo de olvido. Algunos, sin esfuerzo en realidad lo logran. Pero no se trata de esfuerzos y dedicaciones sino de empatia y humanidad, no por lo mejor, sino por la misma vida y lo que representa ella, sin que su creencia reliogiosa se intermponga. No leería otra vez lo que escribía, ni tampoco aspiraria a hacer un escrito lo suficientementr trascendente pues mis ojos se caían del sueño. Y era dificil no pensar que algunos que habian dormido, jamás despertaron al dia siguiente, causando que otros no lograran dormir después, a pesar del cansancio y del tiempo."