El no enfrentarse hacia esos hechos, no permite sobrepasar las historias generales ni intimas. Mucho se ha escrito y dicho sobre esto, desde las religiones hasta lo que los humanos intentan hacer con un poco de método, social y personalmente. Si lo que se denomina historia, se asume, aquellos que están acostumbrados a la comodidad que da la versión y la doctrina, acusan. Pues los héroes y las razones se transforman en circunstancias claras en las que las ambiciones, las necesidades y las consecuencias muestran lo que son, no lo que se esperaría que fueran. Lo cómodo de la versión es que no exige reivindicaciones, ni reflexiones y que en últimas, si se repite, se muestra cómo aquello que la historia misma, humana, llama por ser considerado correcto. Pero en un mundo que se transforma y pareciera acerarse hacia una agonía, no es posible alimentar la mentira por conveniencia. Ni mucho menos la irresponsabilidad. Aquella tarde, decidió dormirla, precisamente por la travesía que se acercaba, cada vez mas. Despertó ya la noche entrada, sin hambre decidió comer un poco, alumbrado por aquella lámpara de gas que en la madrugada, lo había iluminado mientras escribía las últimas instrucciones antes de su partida. Afuera los caballos estaban listos, no lo había hecho él, su dinero había logrado que otros lo hicieran y seguro, al partir, todos aquellos que lo habían servido por todo este tiempo esperarían un poco más, fingiendo que querían que regresará. Tanto como aquellos que con envidia, aprobaban públicamente que él partiera, otra vez. La verdad es que era mejor ausente que en esta presencialidad hipócrita. Cada vez que partía, de alguna manera se sentía realmente él mismo. Y esa sensación comenzaba en las pocas horas ante de cualquiera de sus viajes.
Existe un temor entonces ante la confrontación de los hechos. Pero la diferencia es que el temor ante las nuevas generaciones se desvanece, siendo las dos anteriores (o tal vez las tres) mas susceptibles a ese miedo y al deseo de defender la historia adoctrinada, a sabiendas que incluso en el momento en que fue enseñada, era clara la mentira y la finalidad para la cual era difundida. La enseñanza, entonces es diferente. Mucho, pues involucra es mostrar elementos para confrontar, no para aceptar y repetir sin entender el sentido de esa repetición. Terminó la botella de whisky que encontró en el fondo del anaquel, entre licores de todo el mundo. Ya eran las dos de la mañana y la ciudad seguía tan activa, como el fin de semana: las luces de neón, la música, los vehículos, la gente en las calles y toda esa niebla y contaminación que se mezclaba de la misma manera que el frio y el calor con esa lluvia, con esos olores que lo que hoy llaman avance de la civilización, acostumbraban a los humanos en las grandes ciudades. Mientras echaba hielo a su vaso, recordó todo lo urgente que tenía que hacer en la mañana o cuando aparentemente era de dia. Las fechas límites le recordaban que si hacia algo varias noches antes de la entrega, se demoraría varias noches, pero si lo hacia solo unas horas antes, tardaría solo unas horas.
Adoctrinar en realidad es simple y fácil: implica la relectura de lo que otros han copiado. Ningún esfuerzo, ninguna reflexión, ni la necesidad del debate o de la construcción de un conocimiento al confrontar los hechos, las evidencias y cómo son asumidos por los que los conocen para que puedan transmitirse a los otros. O más bien compartirse, para que en ese proceso, igual nuevamente se construya conocimiento. Esa construcción (y confrontación) acaba con la comodidad. De ahí los miedos y el fastidio ante la exigencia. Muchas veces pensó en la necesidad de esa confrontación con algunas de sus amantes del pasado, ante la simple verdad, pero eso le impedía avanzar hacia las nuevas historias. Lo pensaba ahora, observando como la luna se perdía entre las nubes, lentamente, sin que en realidad importara que pasaba en el cielo en ese momento. El, tirado en aquella terraza, respiraba un poco de ese aire nocturno fresco y limpio que igual muchos ignoraban qué era diferente al de los pesados días entre semana. Confrontación ante lo evidente y ante lo imaginado -se decía aspirando profundamente- pero ojalá se tratará de lo imaginado. Su capacidad de observación lo llevaba a hacer conexiones muy fáciles ante la evidencia. No las dejó a pesar de todo. Ellas lo dejaron a él.
Por eso fingir el olvido. O garantizar el desconocimiento. Pero, si se logra, al menos una vez conocerlo, las consecuencias son otras y las verdaderas causas reconocidas, tanto que al confrontarlas con las acciones actuales, queda en evidencia esa búsqueda de permanencia en un estado que no es realmente favorable para lo que podría ser un desarrollo y emancipación humana. Los humanos crean nuevos mundos, no todos al mismo tiempo y muy a pesar de los más fuertes, surgen al momento en que los más inteligentes comprenden, de ahí los esfuerzos por mantener la superstición y la ignorancia. Pero la confrontación es inevitable, de la evidencia ante la interpretación o ante el esfuerzo de los que simplemente, protegen su poder que pareciera ser permanente, pero en realidad es momentáneo y todos sus esfuerzos terminan siendo inútiles. Entendió que esa confrontación debía ser ante él mismo. Las noches de domingo tienen esa magia, lo fantástico de la mirada ante el espejo y no ante la sombra que da la llama que se mueve de lado a lado en aquel lugar cuyo nombre es tan difícil de decir cómo inútil intentarlo. Ella lo había acusado ante los otros de tiranía, y la verdad es que su delito fue dejar aquellos presagios de los otros para alcanzar aquello que le habían augurado los ancianos por deseo, y ese deseo lo llevó a hacer creer que en realidad estaba amando. Dos décadas después, entendió que su decisión no solo los dejó aún prisioneros, sino sin esperanzas. ¿Ella? Al menos era libre y no importaba ya. No esperaría volverla a ver jamás."
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