Se dice que cada generación tiene sus propias revoluciones, pero en muchos países por la oportunidad de partir y el encuentro entre la avaricia, la ambición, la necesidad, la comodidad y el miedo, hacen que simplemente las generaciones se pierdan y si no pueden partir, a pesar del hastío y la opresión, se termine deseando ser parte precisamente de los que creen ser privilegiados, cuando incluso son más débiles que. aquellos que no tienen nada. ¿Cómo la humanidad podrá realmente emanciparse mientras existan lugares así? Una mañana gris suficiente para acompañar la tristeza, pues no había tiempo para la rabia. Los mejores simplemente mueren aquí - lo escuchó varias veces antes y pensó en cada uno de aquellos, radicalizados o no, que como los amigos de su padre eran anónimos y simplemente aumentaban la lista de jóvenes muertos por sus iguales desde protestas hasta en absurdas batallas, desde las mismas luchas coloniales hasta anoche. Una historia de jóvenes de generaciones trágicas.
Hay palabras prohibidas y otras disfrazadas para ser convenientes en la comodidad, no generalizada en realidad, sino de algunos pocos. Los hechos, apropiadamente seleccionados para distinguir entre culpables e inocentes se limitan a fechas y palabrejas, salvo en aquellas sociedades en las que la responsabilidad y el deber de memoria. Si, igualmente grupos humanos que afortunadamente existen para pensar la humanidad e inspirar las movilizaciones necesarias a pesar de todos los miedos, pues una cosa es sobrevivir y la otra, vivir. Aquella noche, ella danzó junto a él las canciones de protesta. Aplaudía, compartía los sueños de otro país. El la miraba entre fascinado y confuso: era mucho para asimilar en todos esos meses, más allá de todos aquellos momentos en los que inmersos en otro mundo, no esté, en los que no compartían tomados de la mano las realidades y tristezas de un mundo en decadencia. Meses después la recordaría y no sabría si ella recordaría aquella noche. Esa vez, habían hecho el amor intensamente y ella se había atrevido a susurrarle en un momento, durante su orgasmo, que lo amaba. Igual, ya no estaban juntos y las protestas, el hambre, la tristeza y la injusticia continuaban. Era más fácil - se dijo mientras tomaba una cerveza viendo como la lluvia dispersa el humo negro de la quema de esa tarde en medio de los gritos y las sirenas de la policía - cuando estábamos juntos. "
Tal vez algún día llegué una mañana diferente en el que la esperanza real sea la esperanza en aquello que se logra definir como humanidad y no como en una excusa de civilización articulada en intereses egoístas que no son de un bienestar común. Una esperanza de una acción en torno a la vida y una realidad de una cooperación, solidaridad y construcción que no sólo permita aquella emancipación que se sueña, sino también el mismo derecho a la tranquilidad. Al entender el paso del tiempo, sin embargo, es difícil comprender este presente. ¿En qué momento y cómo se llegó a esto? Una pregunta que va más allá de una sola respuesta contundente y por eso quiera eliminarse la historia. Pues las respuestas no gustarán a los que se benefician de los miedos y la estupidez colectiva, fruto de una ignorancia. Corrían juntos sin mirar atrás tomados de las manos, escuchando los gritos, entre el humo blanco de los gases y la sangre que le caía por su brazo. Atrás, ellos con sus armaduras los seguían pero pronto se cansarian. En realidad, él no sabía porque perseguía aquella pareja en medio de la lluvia de esa tarde, pero era lo que debía hacer. Para eso le pagaban. Y en todo caso en dos días sería fin de mes y seguro recibiría un bono que le permitiría junto con sus compañeros burlar la cuarentena e ir a aquel lugar en el cual la "barra dance" se había trasladado y su esposa no lo notaría. Pero ya estaba cansado y no quería perseguirlos más. Ellos, seguían corriendo y lograron doblar la esquina cuando escucharon más disparos. El no sentía ya mucho el brazo pero sólo le importaba que ella estuviera junto a él y seguro. Ella no había notado para nada la sangre de él, ni como poco a poco se iba poniendo pálido, la lluvia y la sangre en el rostro además de la mæscara no permitian ver más. Corrieron un poco más y alguien les abrió la puerta. Los hombres en armadura no cruzaron la esquina. Estaban cansados y aunque había un hilo de sangre que seguro los llevaría hacia aquella pareja, tampoco el bono de dinero era suficiente como para seguir corriendo detrás de ellos. En todo caso, ya se lo habían ganado. Se lo habían prometido. Y a ellos sus jefes siempre les cumplían.
En todo caso, las leyendas suelen permanecer a pesar que los libros de historia sean reescritos o quemados. En torno al fuego, las tribus humanas se han contado los hechos fantásticos o no de ellos mismos y sus antepasados, con todos sus miedos. De manera abierta o siniestra en la oscuridad de un escondite de resistencia o en la sábana que espera la lluvia. En el barco que entre llantos y gemidos de esclavos, también existen los susurros y canciones. Tanto como los hechos en la barra en invierno o en la esquina del barrio. A pesar de los esfuerzos de unos pocos, el fantasma de la otra humanidad ronda en lo que ahora son calles y en lo que sobrevive de las selvas. Ahora, no es cuestión de supervivencia o resistencia, es cuestión de vida y del entender el verdadero significado de las palabras prohibidas, como son la revolución y la evolución misma. Yo te perdoné y te perdono, ahora. Pero no es cuestión de olvidar los hechos sino entenderlos y aceptarlos. No es cuestión de culpables o inocentes, quizás si de víctimas en las que nos hemos convertido por la acumulación de todos nuestros miedos y la mezcla con los deseos. No me pediste (ni me pedirás) perdón alguno hoy, pero lo haces en las noches antes de dormir. Y tu arrogancia te lleva al supuesto olvido, pero hoy entendí que no es cierto, a pesar de todas mis vidas y todos los cuerpos que han estado en ti y te han poseído. Yo te perdoné y no te olvido, pues no se trata de eso. Y hoy supe que no me haz olvidado a pesar de tu silencio. "

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