No es una cuestión de doble moralidad o hipocresía. Con sus ambigüedades los humanos han demostrado lo que son en sus diferentes épocas, como la lucha entre la sensualidad y la sexualidad y el romanticismo y la libertad y el derecho al libertinaje. Una constante batalla en el que la superioridad moral de algunos (eso si los hace hipócritas) se antepone ante cualquier supuesta debilidad de los otros, o ante aquel silencio que no justifica aquella superioridad, pero busca comprenderla. No para generar instrucciones, sino para simplemente compadecerse y encontrar las palabras adecuadas, escribirlas y algún día alguien que realmente busque entender, las lea y comprenda, sin presunciones. Es una cuestión de precio, pero no de valor. Y por eso, a pesar de su belleza y sexualidad, sabía que estaría otra vez sola, no mucho, solo unas semanas o días hasta que llegara ya no el mejor sino el siguiente postor. No era una mujer de luchas, ni de construcciones, sino de recepciones. Su belleza e inteligencia la empoderaban y le daban el derecho, ya no de escoger, sino de aceptar. Y también de acusar y de decir que olvidaba. Pero no era olvido, era simple arrogancia y comodidad. No se sentía mal, ¿Por qué hacerlo? Igual sentía sus orgasmos con aquel hombre que había decidido mantenerla a ella y a su hijo en estos dias, tanto como con otros. Aunque lo único que extrañaba era abrazar, sentir y poder dormir con quién no le prometió nada, pero le dio aquella posibilidad, a pesar de todo. Lo extrañaba y se dió cuenta que no dormía desde hacía mucho tiempo. Suspiro mientras miraba la bahía, pero se negaba a sentir tristeza. No tenía por qué pensar mas. Comenzó a caminar y vio a su postor sin camisa junto a la casa en la cual duraría un par de meses, mientras llegaba su remplazo. Otra mujer mas joven y bella. El la miraba con deseo, sabía lo que había comprado y estaba orgulloso de eso. Esta noche tendría buen sexo se dijo rascándose la barriga, mientras el hijo de ella, estaba absorto con una consola de videojuegos. Fingía no importarle lo que hacia su madre, pero cada vez, mientras dejaba su niñez y entraba en la adolescencia le era mas difícil fingir.
La necesidad, sin embargo, en muchas partes del planeta se confunden con el querer. Y mientras esas necesidades y miedos predominen, no hay una manera de lograr una emancipación. Claro, se dirá que siempre estarán algunos que logran, sobre los otros, garantizar una felicidad. Pero, la enseñanza histórica muestra que la sed de esa mayoría terminará saciándose con los rios de sangre de sus opresores. Lo que viene después, es el problema: tiempo perdido. Algunos optimistas promulgaran que de eso se trata el aprendizaje, otra vez. Pero no es cuestión ya de repetir mil años de oscurantismo occidental, doscientos años de pobreza oriental o treinta años de anarquía. Ni diez años de falacias y aforismos para con palabrejas lograr disfrazar realidades y expiar todas las culpas, hasta las inexistentes. No es optimismo sino responsabilidad ante una realidad que amerita decisiones y rupturas, con cuyos escombros las brechas se llenen y una conexión diferente. Nada peor que sentirse solo y extraño en su supuesta propia patria - lo decía mientras miraba a su amiga quien unos minutos antes le había dicho que su sentimiento de soledad y desprecio era ridículo, por el sólo hecho que él había vivido mucho tiempo fuera de aquí. En el contexto, fue cruel, pero él ya estaba acostumbrado a recibir aquel tipo de crueldad, sin realmente victimizarse. Mas bien entendía y sabía que esas reacciones hacían parte de sus demonios internos, que a pesar de muchas cosas, estaban lejos de haber sido domados. En todo caso, el calor de la noche y el sake ayudaban a justificar cualquier palabra por parte de ella, aunque ya desde hacia años no le importaba. Y en todo caso, ella sabía que mientras estuviera él cerca, él comprendería y luego fingiría no extrañarlo, ni pensarlo. De hecho, deseaba todas las noches que no insistiera más y partiera a ser extranjero fuera de esta supuesta patria, antes que ella lo matará y corrompiera su recuerdo.
Los humanos insisten finitamente hasta que se convierte en terquedad o acoso. Si se triunfa o se logra el objetivo, no es insistencia, sino perseverancia y ya mucho se ha dicho sin ninguna conclusión entre los limites entre la insistencia, la terquedad, la perseverancia, la constancia y el acoso. Es por eso que es mucho mas fácil hablar de aceptación y mezclarla fácilmente con la resignación. Sin embargo, no es una cuestión de aceptar, sino de transformar y para hacerlo se requiere conocimiento, comprensión y acción: una decisión común, no aislada o individual. Ni siquiera se trata de un consenso por asi decirlo sino de lo común que puede llegar a ser el sentido común cuando del verdadero aprendizaje, no del olvido disfrazado de resiliencia, se reconoce, valora, reflexiona y se decide, asumiendo la responsabilidad, no la culpa o la inocencia. Ahí, en ese conocimiento los códigos éticos dejan de ser patrones interpretados a conveniencia y avaricia y podría decirse que el dulce conocimiento, su reflexión y las acciones comunes a partir de ellas, reinan en una continua transformación dejando atrás esta supuesta civilización, para darle paso a otra humanidad. Sólo fué un sueño. Pero quise mantenerme en él, como durante todos esos años. Entonces todo el dia de alguna manera, me alcanzó la felicidad, el escuchar aquellas palabras y sentir aquellos labios y extrañamente su cuerpo. Descubrir sus ojos y no pensar en decir su nombre. ¿Para qué? Mina on the terrace era la música perfecta y alcanzó para llegar a la noche, y aunque no volviera a soñarla, me sentí feliz y agradecido, por la realidad vivida y por el sueño soñado."
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