No se puede sentir rabia u odio. ¿Acaso la voz de los oprimidos y la sangre en sus venas no es mayor que de aquellos que los enmudecen con sus estupideces y les escupen todos los días? Se prohibe cuestionarse y la palabra libertad y fraternidad son palabras prohibidas, mientras que la justicia y el bienestar se trata de culpables e inocentes. Pero sobre todo de culpables y víctimas. Los inocentes ya no importa, pues cualquiera es aceptado. Es octubre y ya han pasado mas de doscientos años y todo sigue igual. Quizás peor. Pues ya no se trata de ignorancia y miedo, sino de estupidez y pereza. Es treinta de octubre, llueve afuera y aun así, ignorando la verdad y lo que no se ha hecho, aun la espero. Mas por lo que creo que significó que por la realidad abrumadora que va contra toda reflexión no romántica. Si, un hombre en las Americas que espera ser encontrado pues simplemente no se trata de búsquedas, sino de encuentros. No puede tratarse de pasar páginas, a pesar que los poemas y las canciones de amor son remplazadas por doscientos ochenta caracteres y las guitarras parecen ser simplemente por remplazadas por percusiones que se repiten para anular cualquier pensamiento, solo la sensación del olvido y el supuesto orgasmo. No tengo derecho entonces ni siquiera a pensarte pues es acoso, solo a soñarte en silencio, mientras igualmente tu piensas en mi cada vez que la lluvia cae.
Pero ellos, sienten temor igual de las minorías y del levantamiento de un solo hombre que inspire. Uno solo hace que los odios y temores comunes se unan para violentamente instaurar otra humanidad. Aquella que promete otros mundos y los alcanza, hasta que todo se homogeneiza terriblemente otra vez. Ellos temen que ya la sangre en la tierra o en las gargantas no importe, pues llega un momento en el que no hay nada que perder, ni privilegios supuestos que pesen lo suficiente para dejar que la sobrevivencia, porque tampoco se trata de vida, deje de ser insoportable. Si, alcanzar otros mundos mientras. una nueva humanidad se construye a partir de todo lo aprendido y que afanosamente ellos quieren que nadie lo recuerde o que alguno lo cuestione. Ya ni siquiera las pasiones humanas son suficientes para distraer la mente que cuestiona cada vez mas esa realidad. Ni siquiera se puede llorar juntos. Y en esa soledad, algunos siguen siendo prisioneros a pesar de tener su jaula abierta - lo dijo mientras desnudos veían la bahía somnolienta recibir el atardecer. Años antes, las palabras se repetían con otra mujer, mientras que él sentía la fragilidad de ese instante. Ella, como ella y como ella, se iría pues él no es un proveedor, solo un soñador. Era cuestión de tiempo que pasara: sobre todo cada vez que se decía al amanecer, y verla desnuda, lo afortunada que era al despertar y verla junto a él, dormir, mientras él se enfrentaba a la mañana con todos su demonios. Cada vez que se decía esa frase y sentía esa emoción, ella partía y jamás volvería, a pesar de esa espera triste que ya varias decenas de años después, simplemente era triste a pesar de fingir una felicidad.
Hay ya tantas palabras prohibidas, siguiendo la peor de las distopias. Pero no se trata de amor o de revolución (ambas son igualmente peligrosas), pero si de una fraternidad y querer hacia la vida. Aquella que alimenta más allá del egoísmo la esperanza en el mundo al querer tener hijos y creer en un futuro para la mirada de esos niños. Y si, aquella que reconoce el papel de aquellos cuyos nombres tienden a olvidarse, pero no se trata de cómo se llamaba, sino que hizo y en qué creía. Eso, por lo que hoy algunos, muy pocos, escudriñan en los textos olvidados y se inspiran. No recordaba ya dónde había dejado su espada pero si la última botella de vino. No había pasado mucho tiempo desde su última batalla, que a pesar de haberla perdido fue memorable. A pesar de todas las que había ganado y ese par de guerras, solo esa derrota era la importante. Fingía no importarle. Pero si lo era. Simplemente esperaba aquello que lo motivara a buscarla nuevamente, pues en esa soledad en la que se encontraba, a pesar de las mujeres que todas las noches lo acompañaban, extrañaba esa idea por la que vale la pena luchar, llorar y morir. ¿Y Ella? A pesar de pensar en ella cuando veía a lo lejos los grandes barcos acercarse, sabía que él era olvido. Solo miraba al cielo y distinguía una estrella. "Ella" se decía. A veces incluso estaba con alguna otra y sus ojos se encontraban ante ese firmamento... otras incluso en un cielo lleno de nubes y desnudo con su amante de ese otoño sabía que esa estrella estaba allí, pero igual, ella ya no pensaba en él, como es mujer a la que le buscaba ese orgasmo. Simplemente, una noche mas - se decía, mientras notaba que ya pronto se acabaría la botella de ese Merlot.
América, la verdadera, es el desenlace de todas las tragedias. Una nueva historía que es escrita con la sangre de los invasores y de los invadidos. Una mezcla de sueños y realidades que pueden generar una hermosa frase de liberación, para todo el mundo. Un poema en español, una idea escrita en francés, una propaganda en inglés y todas las canciones en otras lenguas, de esta tierra y de Africa. A pesar que sean palabras prohibidas, pero ya es tiempo, igual a pesar de todos los miedos y destinos terribles posibles, pero la verdad es que la voluntad divina no existe, sino la que sale de lo que se llama corazón en cada uno de los miembros de un pueblo, de un continente. Simplemente, esa frase aparecerá y toda la pereza y todo el miedo será parte de ese desenlace. Pronto. Aquella noche después de verla en la cueva, todos los tiempos se conjugaron. Y ella, en su magia lo supo. Habían mezclado las botellas entre tapateo y tapateo y sus cerebros inundados de vino y aguamiel no recordarían mucho esa noche. Si, no sólo fue deseo. Fue todas las historias de seiscientos años en cuerpo y líquidos. Fue historias de gitanos, de inmigrantes argelinos huyendo y de indios despavoridos, de negros valientes muriendo al enfrentarse en otras tierras al ver la posibilidad y de ese blanco ambicioso que mintió o que simplemente huyó de todas las guerras de este viejo mundo. Ella regresaba por uno de los caminos y miraba la alhambra bajo esta luna de octubre, sonreía y la acompañaba hasta aquella vieja casa junto a las cuevas. No recordaba su nombre pero podría llamarse Jaime u Oscar. No importaba. Había sentido la fuerza del tiempo y eso era lo que le importaba. No recordaba su cuerpo, pero si su mirada y el sabor de sus labios, ni sus palabras que salían de una boca enfrentada a lenguas de América, Asia y Europa. ¿Ella? Solo era una gitana que viajaba entre todos los tiempos. Ella lo amo y lo amaría siempre y él, el fruto de todas las tragedias a quien no volvería a ver jamás, pero pensaría en él todos los dias. Como él todas las noches, simplemente, hasta el día de su muerte."