"No es difícil ignorar las noches cálidas y húmedas, en las que una fresca brisa que siendo viento, baja por la sierra para dividirse hacia el mar y hacia el valle. Las canciones de amor, muchas veces murmuradas recuerdan que las cosas en lo simple, son bonitas, pero en la complejidad de los humanos, sus ambiciones y temores, tienden a ser horribles. Es septiembre, aún, no importa en realidad la lengua aunque sí mucho el ingreso, el supuesto origen y el inaceptable pero resignado presente. ¿Que quedará para después? Nada, pues esa visión común de la que se habla y escribe tanto, en realidad es un sueño que se quiso compartir, pero que así de fácil se ignora, se olvida. No he vuelto a mirar el cielo buscando aquella estrella, aunque si al mirar aquel faro, recuerdo la espera y la búsqueda. Podría ser condenado por ambas, por aquella insistencia incluso en silencio, enfermiza que en otras historias seguramente sería la perseverancia y la paciencia ante lo amado y deseado. Pero la verdad, es que en estos tiempos, lo mejor es ahogar cualquier compartir con alguno de los tragos del mundo mientras que el deseo aparece otra vez, no necesariamente el amor. Entre tanto, me pregunto si aquella estrella esperará que la busque en medio del cielo nublado. ¿Por qué, si en todo caso estoy anclado aquí?. Tomo una bocanada de aire. No hay ninguna agitación en el ambiente, sólo la espera de la muerte o de un milagro para llegar a la noche siguiente.
Las palabras adecuadas desaparecen al momento de intentar escribirse. Quedan aquellas preparadas o aquellas emotivas. Como esas canciones murmuradas, muchas veces. En todo caso hay quienes se arriesgan a trazarlas, esperando que en un instante futuro, sirvan para algún tipo de motivación. Más adelante pues pareciera que estos tiempos son de los mediocres. Sin embargo, pienso que es justo el momento en el que se tiene derecho a la mediocridad, pero no a la imbecilidad. El ser anónimo y parte de un todo, pero no de una masa estúpida que permite que sus individuos irresponsables se oculten de ellos mismos, entre sus temores y emociones, pero no de su ignorancia, pues cada uno de ellos sabe lo que están generando y en medio de todo, nos aniquilan a todos, incluso a aquellos pocos que creen que se aprovechan de esa estupidez para su beneficio, hoy. Pero no llegará a mañana.
Ese derecho a ser parte de un todo, de intentarlo, por el hecho de hacerlo sin triunfar o resaltar, pero no de oprimir a los otros entre decepciones y frustraciones. Sino de fortalecer y acompañar. Ser parte de algo sin buscar realmente un premio, siendo quizás el logro visible el comprender, ejecutar sin ser el mejor, entendiendo que el cansancio y el esfuerzo, como la alegría del que gana, se puede compartir. Ya lo he dicho: un sueño y una vida que quise compartir. Pero es tiempo de egoísmo y de silencio. Ya ni siquiera encuentro aquel brillo en sus ojos sin pensar en todas las traiciones (o en una sola) mientras la rabia se me pasa con cada trago, sin preocuparme que mañana tendremos una insoportable calma mientras la tormenta lentamente arrasa con los otros, no muy lejos de aquí. Si, no lo niego, es hastío y rabia por la impotencia y el abandono de las batallas por la traición generada por el deseo. A otros - me decía mientras notaba al occidente nubarrones negros que se dirigen hacia la costa, los apuñalan por ambición. Sabía que la costa está hacia allá, pero nosotros, simplemente nos alejamos de ella.
Pero entre las muertes y la tristeza, así como el día siguiente, que tiende a ser normalmente peor, es difícil no pedir que se abandonen las tierras en las que el hastío, es lo único que queda tras las terribles tardes y palabras del presente. La misma rabia ante la muerte de los otros, de los que se supone, se construiría un mañana y la ausencia de moral y de por sí de justicia. ¿Dónde queda la sabiduría humana y el aprendizaje del pasado? Entre los temores y la irresponsabilidad, se quiere simplemente generalizar la estupidez, generando ignorancia. No se atrevía a recordar porque el veinte y uno de septiembre era importante para ella, pero la verdad es que simplemente quería dormir y no pensar en nada más. Había hecho el amor maravillosamente, se lo merecía después de semejante aislamiento. No le importaba si lo amaba o no, en realidad, se interesaba más por los orgasmos que por las palabras. Una ducha, un poco de música y acariciaría su gato mientras la noche se convertía en el dia siguiente. Era una noche fría en una ciudad que se jactaba de ser la mejor en la comarca. Entre tanto, muy lejos de allí, tanto en el tiempo como en los sentimientos, no habría manera de dormir, sin pensar en que efectivamente ella debió odiarlo, al sentir que había sido engañada. No importa si fué cierto o no, todo lo que se debió decir, y escribir se hizo y a pesar de las pesadillas, aún se espera o el olvido o el encuentro. Ya han pasado años, amantes y danzas. No era una noche para un poco de vino o incluso de una infusión. Tampoco para intentar recordar su mirada (o sus lágrimas o su sonrisa), pero aún así lo hacía y era insoportable. Olvido o reencuentro, pero eso no podía seguir siendo así.
Son tierras y tiempos en el que los grandes poemas pierden sentido. En el que aquello que los hombres pueden construir simplemente se obvia, por la satisfacción momentánea y una supuesta popularidad, sobre el olvido de los otros. ¿Será un lento final? No. Existen otros hombres y mujeres que siendo minoría, salvarán como siempre la humanidad. En otras tierras, que no se riegan con la sangre y las lágrimas de tristezas y de rabia. Pero el sueño compartido, pareciera desperdiciado, salvo para aquel que lo entiende y sabe que debe partir y huir, para no postrarse ante la abnegación y un constante fracaso. ¿Cuales son los verdaderos sueños? Aquellos que se cuentan desnudos, en una noche en la que aquella estrella escapa del cielo nublado para llegar a los amantes. Se deja el murmullo y los labios cuentan como el viento se convierte en brisa y choca contra las olas del mar, mientras por otro lado, sigue por el valle, las montañas sin morir en las ciudades, sino que llega a ser parte de una bocanada de aire antes del suspiro. Desnudos, mirando aquel cielo se encuentra en ese techo de universo todo lo que se necesita para entender las miradas."
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