Sunday, August 9, 2020

Suerte y Fortuna

"Luz y oscuridad. Los seres humanos buscan siempre darle significado a aquello que llaman bien, en lo que sus ojos pueden ver, mientras que la llamada maldad, se esconde, les atemoriza y no puede ser captada por sus ojos, oculta en esa oscuridad. El miedo es obscuro. Sus oídos, su olfato, su piel y hasta su gusto lo llevan a "sentirlo". La sensación, sin ojos, que a veces termina siendo un sentimiento. Pero, la maldad enorgullece y no hace falta ocultarla más. Los hace fuertes, su ambición y deseo es admirado, seguido, defendido y llorado cuando en algún momento pareciera que la justicia humana da una enseñanza, sin ser venganza. Entonces, en esa obscuridad, en esos ojos cerrados y susurros, ante la realidad en la luz, en el que sonrientes los malvados muestran su poder, algunos se sientes seguros. Y confían más en lo que es sentimiento y no solo sensación, sin sus ojos.  Terminó siendo una buena botella: un Merlot chileno de diez y seis mil pesos en una tarde gris, que despide a un domingo aburrido y somnoliento de agosto, lejos de cualquier calor o frio, lluvioso y solitario, con un libro de Bukowski abierto (ya lo había dicho, agosto se merece a Bukowski), aunque esta vez en español. La lectura no era la causante del Merlot, ni mucho menos del sentimiento de deseo, no. Tampoco lo era agosto, aunque en otros años, quizás sí lo era. Agostos frustrados y perdidos, sin suerte pero con un poco de fortuna. Luego vendría el evidente hasta pronto con lágrimas que no sirvieron para nada... y lo sé desde aquel día que le dije que no quería volver a saber jamás de ella. Y es así. Es mejor dejar las cosas en el plano del deseo y las sensaciones. Ver cómo llega, tras doce horas de estar despierto (con ciertas interrupciones de somnolencia), una noche que en estos tiempos podría ser de jueves. 

Pero las enseñanzas son aprendidas o almacenadas para que reciban polvo y luego olvido. El vivir el día, superando supuestamente los pasados y pensando en futuros continuos que al final es una extensión de un día a día, de una monotonía contra la creatividad y lo que igualmente los humanos suelen llamar a veces provenir, muy diferente a los destinos que no tienen nada de extraordinario, son simples sentencias. Guiones dados por algunos para mantener su comodidad sobre las frustraciones de una mayoría. Por qué siempre es así: no es posible con un solo individuo, tiene que ser con muchos. Uno solo, se rebelaría y la rebelión es una palabra (no una acción) maldita. Solo lo fácil para cumplirse a sí mismo se rompía de aquellos papeles en ese tablero de corcho y acrílico. Ocho meses, un confinamiento y quedaba al descubierto no solo la mediocridad sino también la falta de inspiración. Años anteriores, muchos años en realidad, escribiría acerca de las inspiraciones pérdidas, esperando algún tipo de aventura fantástica para vivirla, pero en realidad, las tardes grises no ayudan mucho y mas cuando se alimentan de deberes y no de metas. Pensó entonces en  aquella caminata por el borde del mar en Cádiz. Los colores, aquel azul, los amantes en uno de los muros de la muralla reconstruida, la brisa y las risas de unos niños jugando, mientras capturaba con sus ojos aquel final de domingo. Un suspiro, en ese atardecer lejano tomaba cierta importancia y en cómo se seguía saliendo con la suya. No recordaba su partida, pero sí su llegada.  

De ahí, que se espere la suerte o la fortuna. Todo será mejor, por el aburrimiento que da el simple letargo o por la voluntad divina de los otros. La suerte de la existencia y la fortuna del anonimato en medio de una masa. Si el silencio se acaba, la notoriedad generará compromiso, a menos que ese ruido que acaba el silencio sea para repetir el ruido de una mayoría, en esos cinco minutos de odio, tanto como los rezos grupales indistinguibles pero que en teoría dicen algo que es escuchado por alguien, o algo.  Se sentía débil. Esperaba la noche para dormir y escapar más que para un supuesto descanso. El día siguiente, sería como el anterior con una que otra sonrisa, mientras se llegan los momentos de comer. Una lectura, una serie, un poco de pornografía y a veces justo al momento de notar el último brillo de una estrella en el horizonte antes de ser ocultada por la polución, algo de claridad intelectual. Sólo algo, pues rápidamente la preocupación del día siguiente, que por supuesto, se esfuma al momento de irse a la cama, gana importancia, olvidándose de la trascendencia. Una afortunada situación.

El grito y el rumor generalizado se parecen, hasta cuándo deja de ser tan masivo y puede comprenderse lo que se dice. Incluso por aquellos que repiten y se dan cuenta que ellos no están tan de acuerdo con ese rezo o promulgación.  Descubren la mentira y la falacia,  al igual que los coros de otras masas, que pueden ser más interesantes y personales. Se escapan. No uno a uno, sino en grupos, buscando aquel anonimato que da el grupo, ellos logran desaparecer y en muchos casos, ocultarse entre otros, entre la gente, para no sentirse solos (la soledad humana, para muchos es insoportable) y excusarse de su estupidez y evadirse de su responsabilidad individual entre una mayoría. Ya son las ocho. El rock de otras épocas y de otros domingos un poco más interesantes a pesar de ser iguales de grises, ayuda a soportar el tiempo presente, y ver con alegría y sin nostalgias, todo aquello que pasó para saborear la noche y esperar la oscuridad. Treinta años después y una estrella escondida entre las nubes. Más de treinta mujeres y un par de nombres aun en mi mente. ¿Culpable? Tengo la mala suerte de la incomprensión y la mala fortuna de recordar pero ser olvidado.

Otras nuevas civilizaciones serán construidas, pero una nueva debe aparecer ya. Hay quienes en su optimismo, ven como la actual se desmorona mientras otra, queda a la vista, como quien devela un nuevo monumento, pero la verdad de los realistas es que la destrucción es un sueño húmedo, fruto de una masturbación mental que en tiempos de confinamiento parece clara: pero lo evidente, con orgullo para ellos, es que se imponen gracias a la ambición y los deseos individuales y no a una posible visión común. Entonces la complicidad justifica lo indefendible mientras que el optimismo tradicional se convierte en manifiestos prohibidos. Lo banal entonces tiene más significado, como la misma supervivencia que ya es algo banal,  monótono hasta el punto de no esperar algún tipo de inspiración sólo motivaciones. Indicadores de supuesta felicidad sin trascendencia. No había notado las horas y todo aquello que se conversó. Sin prejuicios, ni palabrejas, ni suavidades. Habían tenido sexo extraordinariamente, varios orgasmos, ruidos, silencios, sudores, olores y ahora, tomándose una cerveza caliente que había dejado junto a la cama la observaba a ella con su espalda descubierta durmiendo boca a bajo. Una mujer hermosa. No pudo encontrar mas palabras, pues rápidamente sus mente le dibujo la mañana que llegaría en unas horas: un desayuno, un taxi al aeropuerto y una partida. En la noche del siguiente día estaría en su cama, solo, no triste, sino satisfecho después de tomarse una cerveza fría. Feliz de estar solo, en su guarida y pensar que no tendría la obligación de verla otra vez. - La pasamos rico - le dijo durante el desayuno, ella sólo guardó silencio. Lo amaba y odiaba. El despertaba pasiones, deseos y frustraciones. Ella, como otras amantes, incluso aquella que lo había llamado básico, lo sabía. ¿Básico? - Se dijo mientras tomaba el ultimo trago de cerveza: no estaba bien pensar en otra después de hacerle el amor a una en especifica, pero en realidad ya no le importaba lo que estuviera bien o mal. Ni lo que fuera visible o no, y menos en esta noche. Se estaba quedando dormido, en la obscuridad, con su mano toco la espalda de ella, aspiro y sintió su olor, recordó el sabor de sus labios (si, todos su labios) y notó que ella roncaba. Se rió un poco. No quiso ver el reloj otra vez, sabía que había dejado el despertador, aunque igual su avión no saldría sino hasta la una de la tarde: no era un hombre con suerte, pero si afortunado". 

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