Es noviembre. El 21 iniciaron las protestas recientes, pero van años, siglos de la misma arenga, desde que este país, es una nación. ¿Soberana? No. Pero al fin y al cabo una de tantas que se emanciparon de reinos e imperios pero no hacia la libertad y la fraternidad. Esos fueron otros, que se confrontaron a ellos mismos y son, lo que son ahora. Ya van siete días y lo peor de un establecimiento y de los privilegiados es visible. Claro, en un país de culpables e inocentes, siempre esta por encima la culpabilidad que la responsabilidad y en ese buscar de justos y pecadores, la esencia de lo importante se olvida, para continuar igual en la mente, pero peor en el día a día. ¿Como puede sorprender, si siempre se justifica lo injustificable, se reza, se empata y se busca empatía con aquellos que hacen lo peor, pero que se espera ser parte de ellos algún día, sobre todo cuando se puedan pisotear los oprimidos, que codean y cortan el aire?. No importa qué se caguen encima y que la mierda se meta en los ojos o en la boca, una sonrisa se les devuelve por su ocurrencia grasosa y graciosa, mientras los pies de ellos están llenos de sangre de sus vecinos y amigos. Amigos que fácilmente se traicionan por placer y causa indignación cuando se hace pública la traición. Con cada trago de primer vaso, las imágenes de ella, las palabras de amor, las promesas y su silencio. La cobardía y la elección de no estar. De huir y de la resiliencia. De cansarse en la batalla en medio de una insistencia que ya se convirtió en terquedad, mientras los deseos ya no son compartidos y se siente solitario. No tuvo un señor en realidad, se decía viendo su espada que se oxidaba clavada en aquel leño. No creía en algún destino, porque hacerlo, era renunciar a su libertad, a su decisión. Desde aquella montaña veía el humo, las llamas, pero no escuchaba los gritos, ni llegaba ese olor a muerte que alguna vez sintió al perder sus batallas.
Ya es de noche. No podría afirmarse que hay silencio en las calles, pero igual, aquel ruido es leve, es el ruido del sigilo. De la empatía y la molestia mientras el calor hace de las suyas y los otros, esperan el cansancio de los que protestan. Desgastan, con confianza. A veces la igual que la gente de las calles tienen miedo, pero ellos tienen las armas y sus privilegios. No creen sino en sus fortunas y en el derecho divino que les garantiza su supremacía y por supuesto, ese apoyo generalizado dado por la rabia, la pereza y si, el miedo. - Se cansarán otra vez - dicen - e igual se mataran entre ellos. No lo tomaba muy en serio hasta que recibió aquella puñalada por la espalda de su mejor amigo. E igual las consecuencias futuras que por conveniencia, lo habían llevado a confinarse en las montañas, sin atreverse realmente o a morir o a irse. O a luchar o a resistir. Un espectador, con dos tragos de ron en la noche y una sobrevivencia que de meses pasó a años. ¿Acaso no se puede ser mas sincero? Si hubiera muerto, se decía, seguramente sería un héroe, pero no una leyenda que se alimenta de mentiras, con cada persona que sabe que esta en las montañas.
En el ciclo histórico y tradicional (y traicional) de este país, llega el momento del desgaste y si, de la perfidia. De eso se trata la diversidad y la ignorancia difundida, aunque en el fondo, se quiere otra cosa. Muchos lo desean así, aunque tristemente nos conocemos. Traidores ejemplares desde 1781 pero la resiliencia, el pasar la página, olvidar el pasado, hacerse el digno y mentir simplemente garantiza esa periodicidad y olvido. Claro, es viveza. Pero pueden ser tiempos de ruptura, o mas bien, el tiempo de la ruptura, del recordar y cambiar la insistencia por verdadera perseverancia y la resistencia no ser asociada a la abnegación. Descubrió que terminaba su primer vaso, cuando entre los que huían despavoridos vīo dos siluetas que se devolvían al fuego, armados con algo, no con espadas relucientes, ni a caballo, sino con palos y una lanza abandonada. Al poco tiempo, una de las siluetas traía consigo otra, sin duda un herido que era recogido por otro par de siluetas que le ayudaban. Se tomó su trago rápidamente, estaba extrañado no había visto eso desde sus luchas de juventud, junto antes del puñal en la espalda. Siguió de pie, ya atardecía completamente, y las llamas continuaban. Escuchó entonces por primera vez gritos lejanos, pero no eran de lamentos, eran de confrontación.
Es un país experto en asesinar lo mejor de él, desde niños hasta las generaciones que prometen todo cambio. Los que tienen suerte, son expulsados y acogidos por otras naciones y de paso por lo que queda de humanidad en el mundo. Por las razones y obligaciones equivocadas se vuelve y tarde o temprano, entre la fatiga y el miedo, el sueño y la emoción desaparece. Claro, también esta la tradicional traición que apaga cualquier fuego de inspiración. Pero, en la calle entre el silencio se escuchan los pasos y las voces de los marchantes, de otras vidas, de otros soñadores que no salieron de estas tierras ni volvieron, sino que están aquí, con el máximo delito de creerse libres en un país de destinos y estratos. Entonces, de una manera mágica aparece no solo una pregunta, sino varias, y luego las arengas se hacen mas fuertes y los marchante pasan a una cuadra entre el calor y nuevamente después de mucho tiempo, el silencio. Pero un silencio diferente, aquel que queda después del discurso que se escucha atentamente y estremece y si, hace pensar. No hubo segunda copa. Tomo la espada de aquel árbol y sin pensar en mucho, solo emocionarse, corrió a su caballo. Llegaría en una media hora - se dijo - tal vez sea demasiado tarde, tal vez no, pero no importa. Aquello con lo que describía el amor aparecía, y quizás, en esta batalla al fin ganaría o al fin moriría. En ambos casos, se ganaba mucho más que ver cómo el mundo dejaba de ser maravilloso, y la vida se convertía solo en supervivencia, en existencia."
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