"-Te amo, lo decía mientras después de años sentía un orgasmo de verdad. No aquel que siempre se había negado a tener, aquel que estuvo a punto pero que luego en años, se convirtieron cada uno de sus hijos. El sonreía con cierta ternura, dejando su malicia a un lado, pero no podía mentirle y solo le dijo: esto no es amor. Es deseo. Disfrutalo, no me amas. Pero sientes ese placer, ese deseo y por eso viene una segunda vez y no te importa lo que acabo de decirte. Era cierto. Tanto como el dia extremadamente caluroso, la tierra en el camino y como lo inevitable es igualmente las consecuencias de lo deseable. No hay excusas y en las historias como esta, los silencios sobran, y cuando se habla se sabe mas lo que no se es, lo que no es, que lo que realmente es. Es cierto, no era amor. No lo sera jamás y tampoco lo fue con su ex-esposo, ni con sus otros amantes que comenzarán a venir después de él, pues de eso se trata. No es amor, es pasión. Es el calor del desierto, es lo negro de su piel y la claridad de la de él, y la mañana con ese adios mientras el barco se aleja del muelle, para afortunadamente, no volver a repetir nada mas: fue el acto definitivo de libertad. Veinte años después.
Es domingo. Saboreaba una cerveza bajo el inclemente sol otra vez. Solo el silencio era perturbado por el zumbido de las moscas en un charco de algo que podría ser desde licor hasta sangre. Poco importaba en realidad. No había brisa y desde que la mañana lo había sorprendido en el puerto dando un cómico adios, en realidad no había pasado mucho. Poca gente, ni siquiera cuando las campanas de la iglesia llamaban a una misa que ya pocos iban y menos después de todo lo que ha pasado. No es cuestión de fé o esperanza, es cuestión de moralidad y fortaleza. ¿Resistencia? Anoche la hubo mientras disfrutaba como ella tenia sus guardados orgasmos, casi virginal: una mujer encerrada en si misma y sus hijos. Pensó en como le contó de su emancipación, que como todas esta en la tragedia, lo dramático y el humor. Igual, su ex-esposo debió sufrir mucho al ocultar su homosexualidad y sus perversiones mientras como de costumbre, hacia parte de la ridícula extrema derecha de este continente: América es una selva maléfica en el que los hombres son peores que las bestias y no matan para comer, sino por que pueden hacerlo. Ni siquiera es una cuestión de ambición o poder. Seguro todos ellos se encontrarán en la misa de las seis de la tarde, mientras ella, afortunadamente, tomaba un barco un uno de sus hijos que será libre. El otro heredara la hipocresía de su padre y los que viven de la falacia y la mentira como él. Por eso, son populares.
Su perversión no era acostarse con hombres, sino con adolescentes. Lo sentía como un castigo. Sus "amantes" como un negocio. Recibían pago y a él, por su condición, no le interesaba que se supiera mas. Tampoco veían el peligro que constituía pues los co-partidarios podrían mandarlos a asesinar en algún momento, cuando él no fuera útil o por simple temor a que alguno de ellos mas adelante hable. Ya ha pasado varias veces con él. Y aunque su sexualidad no fuera aun parte del comentario público, entre el desierto y la selva, los humanos de estas tierras lo verían como algo igual de poderoso para apoyar la popularidad de ese partido. Era tierra yerma. Ya ni siquiera lo que se denominada malo, podría considerarse como algo para odiar..., sino por el contrario, para sentirse atraído por ese "man tan berraco", el cual hace lo que se le da la gana: podría decirse que eso si era amor. Estar con él... con todos ellos, "te hace demasiado feliz". Y es cierto.
Ella decidió dormir mientras el barco sin tambalearse demasiado se alejaba. Si, era cierto - se decía asi misma - no lo amaba, pero podría. El no lo haría y ya a su edad no la desesperaría y aunque deseara volverlo a ver, sabía que no pasaría mas. Pero con lo que paso fue lo suficiente. Era cierto que él era terrible, podría haberle pagado... de hecho, todo comenzó como un juego de palabras de pago: pero la verdad es que ella, a pesar de su edad y de sus hijos, no tenia la experiencia de él, no era tan buen amante y había renegado desde su educación católica y conservadora, su sexualidad. Una sexualidad que ella emanaba, su piel lo decía, la música de sus ancestros, la luna y aquellas playas en la que los esclavos y sus herederos supuestamente libres, sabían lo que era el fuego, la pasión y la diferencia con el amor. - Fuí tonta al decirle eso - se lamentaba mientras la brisa del mar golpeaba con unas gotas de agua su rostro y sonreía. Pero lo dijo porque se sentía libre y muy bien. Tanto que le dio medio sentirse así por unos instantes y no pudo dormir por mucho tiempo, sin pensar en nada realmente. Sonreía, pensaba igualmente que su educación incluso le negaba la risa, el mirar de ciertas maneras, el explorarse. Y el acompañar a su esposo en la cenas del poder, reforzaba esa supuesta educación.
Hacia calor. Dormía con el dia en la hamaca. En realidad no importaba nada en estas lentas horas, lo que realmente importa comenzará a pasar a partir de mañana. Ya será octubre. Las moscas se habían ido y el charco estaba seco. Podría haber sido agua. -En otros tiempos- suspiraba, pensaba mientras notaba el cielo extremadamente azul, y que su cerveza se había acabado hace varios minutos, los que durmió - me daría nostalgia su adios. Pero no. No había perdido el acento y satisfecho, por haberle dado placer y por haber contribuido a su libertad se puso de pie mientras notaba como la soledad del pueblo se mantenía. - El único momento de la semana sin hipocresía - se dijo mientras caminaba en busca de otra cerveza, no sin antes pasar por el baño. "
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