"Los meses pueden terminar de repente. Es lo que le pasa a muchos en febrero, ese derrapante final de los días en los que no quedan muchas cosas por pensar, por hacer. El miércoles se desliza hacia un jueves en el cual, ya marzo inicia. Y con ello, la certitud que a pesar de las medidas y las reglas, del formalismo y los limites, simplemente un dia puede sorprender a otro en un mes. En un lugar donde los días parecen ser iguales siempre, esas rupturas inesperadas hacen que se piense en algo mas alla de los miedos (difundidos a diario, constantemente para agobiar) en como la vida pasa, sin que muchas veces se pase por la vida, en realidad. Solos haciendo parte de algo masivo, y si "solos", sin que una identidad, una individualidad sea reconocida, mas alla que un numero estadístico para fines disfrazados de comunitarios, cuando en realidad alimentan el ego y el poder necesario para pasar una vida por encima de los otros, lo que dure. Pensarlo ya es subversivo y peligroso, debe ser condenado y culpabilizado si tan solo se dice o se escribe. Es en ese momento, en el que de repente, se cae en cuenta que la humanidad y lo que llamamos civilización, justifica lo que individualmente es injustificable.
Es justicia, pensar en equidad, en igualdad (pero esta palabra ya ha sido satanizada). Es justicia pensar en aquello que deja una enseñanza para garantizar sobrevivencia, bienestar y desarrollo (pero el progresismo también debe ser condenado), es justicia pensar en solidaridad, pero la solidaridad es pecaminosa porque no hay reconocimiento del uno sobre el otro, sino una relación entre iguales para un desarrollo común, por eso se prefiere la caridad. En caridad, alguien tiende la mano al otro, que esta arrodillado ante él. Dando lo que le sobra, no lo que le falta para que ambos en bienestar, simplemente compartan, colaboren..., palabras peligrosas en un mundo en el que la falacia se impone fácilmente, difundida sin necesidad de unos minutos de reflexión.
Febrero se corta en miércoles. Mañana, ya no es realmente un momento de ruptura. La ruptura es hoy, cuando se descubre que el tiempo pude finalizar de contarse. No hay tiempo de inflexion, solo unos minutos y segundos en los que los miedos dejan de asustarnos para pensar en lo que realmente significan. Momentos para descubrir que no se disfruta en temor, ni que mucho menos se defiende realmente de algo cuando este es continuo y fundamentado en supuestos difundidos, ignorancia y por supuesto, estupidez. En tres minutos, veinte y ocho días pasan y de paso, todo aquello que en el pasado pudo ser, y no lo será jamás.
En silencio, solo el ruido de los pasos en el corredor, hace pensar en otros febreros en los que el ruido de la brisa fría en la montaña hacia que las ideas fueran otras. Las pequeñas cuestiones se sobreponen a las otras, las grandes que se olvidan y hacen libres por instantes a los hombres. No hay ruptura dramática, no hay que pensar en la justicia, ni divina ni humana, y las únicas leyes son aquellas descubiertas en la naturaleza, con la única preocupación de romperlas por instantes, para creernos libres y mas que humanos. Pero eso es lo que precisamente nos hace mas humanos. Otras rupturas de otro tipo de reglas y leyes comprometen algo mas que unos minutos de diversión. Entonces, ¿qué sera justo?.
En tres minutos no se pueden entender veinte y ocho dias, ni mucho menos cuarenta y algo de años, ni cien, ni mil. Entonces se descubre que aquello que se desliza, no lo hace eternamente y para, y al parar, a pesar de la ruptura generada, el mismo transcurrir del tiempo y los actos de los humanos, hacen que se olvide las preguntas importantes, que parten de las pequeñas razones. Si. El resto es tiempo para el miedo, para seguir creyendo que se sobrevive, mientras que algunos pasan su vida por encima de las estupideces e ignorancia de cada componente de esa masa. Algunos."
