Monday, June 20, 2016

Viejos Mitos

Detalle del Jardín de las Delicias. Panel Derecho. El Bosco 
"Un poema hablaba acerca del derecho a sentir tristeza y rabia, de como las oscuras necesidades permiten que muramos rápidamente, en soledad, para renacer entre cenizas mojadas de alcohol y lágrimas, mientras los suspiros acompañan cualquier llanto y por supuesto, una música que esta allí, en el fondo de un momento en el que el crujir entre el fuego recuerda que hay algo que se quema, y es aquello lo que a veces puede llamarse amor. Luego un poco de silencio y quietud. Esa misma inercia que permite la contemplación, así fuera de los tristes finales y la música, con la primera brisa, llegará a hacer que estas cenizas se sequen o simplemente se dispersen para ser libres, viajar por el mundo y por sus tiempos. Luego, en algún momento, diría el poema, la música será tan poderosa a pesar de lo tenue de la melodía que hara recordar que la  fragilidad es igual imponente. Y las cenizas entre ellas son una cuna donde una luz aparece, algunas veces fuego. Otras veces, un resplandor.  

Pero igual el mismo poema dice que la muerte lenta llega a veces y no hay renacimiento. Ni alcohol, ni lágrimas. Prevalecen el odio y el hastío. Solo hay palabras y ruidos. Insultos, advertencias y gritos. Rudeza y ¿fortaleza?. No hay música sino un eterno silencio que acompaña un cortejo fúnebre. El mismo que en una mañana de domingo nos hace sentir atrapados en el olvido (injusto o no), pero es el pragmatismo del mundo. Tan fácilmente se deja de amar y tan fácilmente se garantiza la supervivencia de la especie, olvidando que somos hombres y mujeres que sienten. Es allí donde los poemas no tienen ningún sentido y por eso, todos se lanzan a libros de autoayuda y frases acompañadas de imágenes cinematográficas de vidas materialistas de éxito. ¿Cuál? Aquel de no haber amado de verdad y ser frívolo, tajante y fuerte. No ver a los ojos y simplemente olvidar. Borrar cualquier palabra de amor dicha y cualquier sueño compartido. Incluso los libros religiosos son quemados ante la facilidad de digerir frases de amor propio, tranquilas, sin desesperación. 

La música, sin embargo. Esta allí en algunos. Melodías que podrían ser truenos en la tormenta entre nubes de cenizas. Como una ráfaga de una suave lluvia, caen en el rostro las ultimas lagrimas derramadas y se respira profundamente, para alimentar un fuego interior. Conscientemente, tal como se dejo de preguntarse que es la vida, se deja de pensar y preguntar acerca de lo que llaman muchas veces amor. ¿Para qué? Es mas importante la fraternidad, el cariño, la pasión, el deseo y la compasión. El respeto, la valoración y por que no, la admiración. Admirar una sonrisa y las frases que salen de unos labios. Creer en una mirada mas que en una frase y danzar juntos, la canción en uno o varios tiempos, hasta que sea tiempo de huir, y no esperar a destruirse otra vez. 

Podría ser una frase de cobardes. Pero la verdad es que los viejos mitos han sido mentiras exageradas que han engañado a las mentes soñadoras. Supervivencia es sentir conciencia de lo que se siente y actuar, efectivamente, sin esperar la fortuna o el azar. Vivir la felicidad y aprender de los poemas de otros tiempos. Embriagarse con el nectar de la pasión de otros labios, sin escuchar alguna frase de ese amor descrito por los humanos que es mejor guardar. Vivir la pasión que te hace soñar y vivir por el otro, pero no el amor que te hace morir por el otro. No tiene ningún sentido.  Ser libre y hacer libre. 

Un grito y una carcajada. Unas piernas que corren buscando la velocidad suficiente para lanzarse y volar. Un cuerpo que danza y otro que lo encuentra. Luego se separan. Huyen. No hace falta intentar un reencuentro pues no hay motivo para hacerlo. Pedir que no te deje es morir lentamente en silencio, con una misma frase que se repite, sin darle espacio a la música. Escuchar las mentiras de unos labios que alguna vez te hicieron feliz, es peor que simplemente quedarse con una sonrisa de recuerdo. No hace falta morir tristemente cuando danzando simplemente se aleja hacia otros rumbos, hacia otras tormentas. El encuentro dura lo que debe durar y al momento de huir, lo mejor es alejarse rápidamente, olvidar todos los cuentos de autoayuda y recordar los poemas y canciones,  no pronunciar la palabra amor y no intentar encontrar responder la pregunta que nos ha hecho desvelarnos, pues como la vida, no vale la pena buscar una descripción de ella. Simplemente vivirla. Recorrer una piel con el aliento, vivir la noche y amanecer. Contemplar su desnudez y sus ojos cerrados  y no esperar a que la mañana se prolongue. Puede que ya haya decidido partir, aun estando allí."

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