"Ya ha pasado un poco mas de la primera semana. Ya los dias comienzan a ser cotidianos otra vez y las horas se convierten en pasos incansables hacia fines de semana o noches tranquilas. El horizonte se ignora. La gente vuelve a hacer fila en silencio mientras los vehículos van de un lado a otro, sin motivos aparentes cuando se observan desde el balcón. Cada uno, con sus propias preocupaciones de supervivencia, sin mas ambición que la de llegar con mas de tres ceros al final del mes y no acordarse mas de todo aquello que lo haría un perfecto "mal agradecido". Otros están peor, no hay derecho a soñar o sentirse triste. Solo el derecho a sentirse "bendecido" entre todas sus limitaciones y tristezas, a ser libre a no sentirse en hastío y recibir la libertad que da la abnegación. No es posible ver a los ojos a aquellos que están bien, ni mucho menos sentirse con el derecho a romperse de un molde que no permite ni siquiera respirar. Esa sensación que alborota a algunos espíritus, hace parte de las pequeñas cuestiones que se nos prohibe sentir. Como quien desde niños se nos enseña a no llorar sin razón aparente, ni mucho menos a reír, y sobre todo a callar.
El espacio entre el cemento, las montañas y el cielo es cada vez mas pequeño. Insuficiente, es incoloro. No importa el verde o el blanco, o si el oriente promete un gris de una lluvia que nunca vendra. Los edificios son "adefesios" que mancillaron el derecho a un amanecer, a un paisaje y recuerda que cada vez mas, somos prisioneros de nuestros propios inventos, los mismos que recuerdan los temores del dia a dia civilizado, donde solo hay espacio para compromisos y no para sueños. Al fin el único deseo humano aceptable es el de tener donde caer muerto, asi la vida se mida en cuotas e intereses y no en todo aquello que pueda hacernos querer permanecer en la memoria de los otros, pues soñar es una actitud de pobreza. Tanto como el querer ver un atardecer tomados de la mano o explorar todo un cuerpo, para encontrar en una mirada la razón por la cual la tarde calurosa dejo de importar en sus minutos. Y en su temperatura. Pero esas son cosas extrañas que pasan cuando se vuelve a ser humano y se deja de ser un simple ciudadano, una persona que vive para los deseos y temores en masa, sintiéndose mal cuando recuerda su individualidad. Con el sentimiento de culpa de sentirse triste o de querer romper y vivir.
En tardes como esta, en las que con calor se añora lo fresco de otros dias que no serán mas y se prefiere ignorar y olvidar todo aquello que podría hacernos felices, sin saberlo, pues es mas fácil recordar que nos hace tristes. Al fin y al cabo, todos los dias pasa y asi es imposible no notarlo. Dejarlo ir, pues pasa tan seguido que el negarlo ya es aburrido, pero decirlo es pecaminoso. Tanto como no negar los instantes de placer. Por eso es mas fácil quedarse quieto y caer en la espera, mas no actuar hacia búsqueda. Si llega, de repente, por las decisiones de otros, no hay culpa, pues se estaba ahí tranquilo, contemplando un mundo siendo parte de un engranaje y en aquella cotidianidad llego aquello que hizo notar los colores y salir las risas, es entonces cuando inocente, la culpabilidad se reduce solo a la supuesta debilidad, negando absolutamente el deseo de que pasara. Por eso, se le llama suerte. Pero la verdad es que la suerte es el azar deseado. Y cuando pasa, hace que se escape una sonrisa.
Pero si hay justifica en la naturaleza humana, la suerte es lo que mas genera iniquidad. Por eso, casi siempre es ajena. Y genera odios y rencores. El peor de todos, hacia si mismo. Por no ser suertudo y porque al final, el libre albedrío se convierte en el deseo de otros, tanto de seres reales como imaginarios que al final, reducen cualquier tipo de responsabilidad a un querer esotérico y magnificado. Sobrenatural e igualmente cotidiano. Existente y que de la misma manera, inspira a que los dedos acusadores sean los mismos que señalan el azar. Mientras que los ojos se cierran o simplemente miran una tierra sin sombra, entonces el espacio es mas reducido, pues ni siquiera hay horizonte o paisaje. Solo el polvo que esta allí sobre el asfalto y el cemento. Esperando el momento en que pueda escabullirse entre las calles y buscar en su intimidad aquel instante en el que se cree libre para caer en todo aquello que después lo hara sentir culpable, un ingrato mas en una tierra poblada de pecadores.
En un nuevo año, tras una semana en la que lentamente se cae en la rutina para solo dar saltos en el futuro simulando un escape, las palabras llegan fácilmente en mentes que se blanquean con ilusiones de momentos en los que se reconocerá sin miedo el fracaso que es estar siempre en el mismo sitio. Sin prisa. Pero con desesperanza. En silencio, con una lagrima atravesada en la garganta y unas manos que quieren convertirse en parte de alas. Doce dias de mas de trescientos que caerán normalmente, pues el tiempo aun no ha sido restringido, a pesar que se mida en cuotas e intereses, los segundos se moneticen mientras se esperan labios y cuerpos, que huyen de tardes como estas con discursos predefinidos y los ruidos de ciudades y cuerpos que solo tosen. Horas que se transforman en las veces que se niega el aburrimiento y se culpabiliza el hastío. Mientras que moviéndose un poco, la suerte se convierte en ruptura y un poco de libertad."
En tardes como esta, en las que con calor se añora lo fresco de otros dias que no serán mas y se prefiere ignorar y olvidar todo aquello que podría hacernos felices, sin saberlo, pues es mas fácil recordar que nos hace tristes. Al fin y al cabo, todos los dias pasa y asi es imposible no notarlo. Dejarlo ir, pues pasa tan seguido que el negarlo ya es aburrido, pero decirlo es pecaminoso. Tanto como no negar los instantes de placer. Por eso es mas fácil quedarse quieto y caer en la espera, mas no actuar hacia búsqueda. Si llega, de repente, por las decisiones de otros, no hay culpa, pues se estaba ahí tranquilo, contemplando un mundo siendo parte de un engranaje y en aquella cotidianidad llego aquello que hizo notar los colores y salir las risas, es entonces cuando inocente, la culpabilidad se reduce solo a la supuesta debilidad, negando absolutamente el deseo de que pasara. Por eso, se le llama suerte. Pero la verdad es que la suerte es el azar deseado. Y cuando pasa, hace que se escape una sonrisa.
Pero si hay justifica en la naturaleza humana, la suerte es lo que mas genera iniquidad. Por eso, casi siempre es ajena. Y genera odios y rencores. El peor de todos, hacia si mismo. Por no ser suertudo y porque al final, el libre albedrío se convierte en el deseo de otros, tanto de seres reales como imaginarios que al final, reducen cualquier tipo de responsabilidad a un querer esotérico y magnificado. Sobrenatural e igualmente cotidiano. Existente y que de la misma manera, inspira a que los dedos acusadores sean los mismos que señalan el azar. Mientras que los ojos se cierran o simplemente miran una tierra sin sombra, entonces el espacio es mas reducido, pues ni siquiera hay horizonte o paisaje. Solo el polvo que esta allí sobre el asfalto y el cemento. Esperando el momento en que pueda escabullirse entre las calles y buscar en su intimidad aquel instante en el que se cree libre para caer en todo aquello que después lo hara sentir culpable, un ingrato mas en una tierra poblada de pecadores.
En un nuevo año, tras una semana en la que lentamente se cae en la rutina para solo dar saltos en el futuro simulando un escape, las palabras llegan fácilmente en mentes que se blanquean con ilusiones de momentos en los que se reconocerá sin miedo el fracaso que es estar siempre en el mismo sitio. Sin prisa. Pero con desesperanza. En silencio, con una lagrima atravesada en la garganta y unas manos que quieren convertirse en parte de alas. Doce dias de mas de trescientos que caerán normalmente, pues el tiempo aun no ha sido restringido, a pesar que se mida en cuotas e intereses, los segundos se moneticen mientras se esperan labios y cuerpos, que huyen de tardes como estas con discursos predefinidos y los ruidos de ciudades y cuerpos que solo tosen. Horas que se transforman en las veces que se niega el aburrimiento y se culpabiliza el hastío. Mientras que moviéndose un poco, la suerte se convierte en ruptura y un poco de libertad."
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