¿Aceptación? Nunca esa palabra había sido tenida en cuenta en la vida. Ni debería. Pero, la terrible realidad, recurre todo el tiempo a la abnegación y el silencio, que incluso en días soldados que podrían ser ruidosos y de ruptura, invade el silencio. Tal vez en las nubes y en la música mil veces escuchada se encuentre el paisaje y el ambiente para dibujar y vivir un momento para olvidar... Sólo uno, fuera de esta tierra. ¿Aceptación? Si esa palabra existiera en el diccionario personal de las revoluciones, estaríamos aún con temor de volar para no enojar a los dioses.
Los dioses. Entonces se recuerda que más que amar realidades, se aman proyectos de realidad, como tributo a los viejos y desgastados dioses... Como masoquismo constante cuando se piensa en los viejos y dolorosos amores. Los dioses creados y la diosa anhelada aparece dibujada entre los sueños, y es en los suelos que se que se termina desgastado.
Hay sed y silencio. Una necesidad extraordinaria de dormir para olvidarlo todo y no aceptar simplemente. El encuentro con el cielo siempre será mágico, el encuentro consigo mismo será siempre atemorizador, peligroso y necesario. Nuevamente, en unos meses la soledad. Nuevamente en unas horas la absoluta necesidad de no pensar en nada. Ni querer ser nada. Una cantidad de ambigüedades y pérdidas absolutas de hilos que llamarían fácilmente a la locura. Es tiempo de darle su tiempo al silencio, incluso, de las frases escritas... El espacio en blanco."
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