"Muchos han dormido todo el día mientras el mundo retumba. Ya no son campos de batalla sino calles llenas de desconfianza y desesperanza. Ya no son estandartes de reyes o naciones, ni cascos dorados que brillan bajo el sol a pesar de la sangre que se derrama sobre ellos o hacia ellos, como mas de un himno lo ha cantado. Son pancartas, banderas de colores, lagrimas de tristeza y decepción y canciones en todas las lenguas del mundo bajo la luz de la luna. Ni siquiera el sol se asoma ante la multitud, es un privilegio de unos pocos. Los cascos y escudos son negros, todos, en todo el mundo son iguales. No brillarán jamas. Los himnos serán olvidados pues ya nadie pelea por honor, solo por algo tan simple como es la dignidad.
Algunos se despiertan y ven en las noticias con curiosidad el acontecimiento. Una noticia lejana aunque desde su ventana se ve el humo que sobrepasa los edificios mas altos. Aun se escucha aunque sea un murmullo. Nada que un poco de música no pueda hacer ignorar. ¿Qué música? Aquella que no llega a lo que otros tantos llaman consciencia. La que no nos dice nada. No es una canción de amor, ni de guerra, tal vez, ni siquiera nos hace bailar, pero esta allí. Para calmar los ánimos hacernos olvidar que somos esclavos modernos, felices de servir objetos, satisfechos de creer incluso que servimos a unos pocos.
No hay siquiera amenaza de lluvia. Y ya, por hoy, el mundo ha dejado de retumbar. Todos cuentan la historia, la televisión la muestra en alta definición y aunque todos los pensamientos tumban y retumban por unos instantes en nuestra cabeza, mientras el efecto del café se mantiene, ninguna motivación es lo suficientemente fuerte como para sentir que aquello que paso antes de ayer, ayer y hoy, sea tan propia como para engrosar las filas de gritos en las calles o en los caminos que bajan de la montaña. Se esta tan ocupado en sobrevivir en la mentira que no hay tiempo para reflexionar, ni siquiera para hacer intensamente el amor.
Muchos seguirán durmiendo el resto del día. En la mañana, las cadenas generadas por la civilización mantendrán ocupadas las mentes, ya no tanto los cuerpos. No en pensar un futuro mejor, sino en como llegar a la noche lo suficientemente cansado para no darse cuenta de la tristeza y la desilusión. Con los oídos llenos de palabras inútiles para olvidar aquellas como injusticia, desesperanza, frustración y hastío. Con los ojos tan cansados y la mente tan planta, para ni siquiera hacer el esfuerzo de olvidar el verdadero significado de la revolución y la subversión: el sinónimo hacia el terrorismo y la violencia es suficiente. No existen ideas revolucionarias y las otras versiones, las otras formas no existen, no pueden existir. Si alguien en su insomnio lo sugiere, es terrorismo y sin duda generara violencia.
Tumba que tumba y retumban los pasos en las calles. No son los pasos de los miles de obreros porque no hay industrias, ni de los cientos de los trabajadores porque en realidad no hay un verdadero trabajo. Los pies descalzos del campesino, ¿cual campesino?, si el campo se convirtió únicamente en el paisaje donde estará la casa de fin de semana que todos quieren, pocos tienen y los que las tienen, solo la tienen por tenerla y pagarla miles de veces, no para devolver el verdadero valor a la tierra. Tumba que tumba y retumban los gritos en las calles, pero en pocos días esos gritos de inconformismo se caricaturizaran con los gritos de "gol". La civilización que hemos forjado desde solo un par de siglos se encarga de protegerse de cualquier cambio radical, así lo aprendimos en otras épocas. Y asi será.
Si tan solo se pudiera aunque sea dormir cómodamente..."
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