"Media noche en el sur. Los edificios republicanos sobresalen entre aquellos futuristas de los años treinta y los otros de hoy, el futuro. Es increíble la diferencia entre lo que soñamos y lo que se convierte en realidad: tenemos mejor gusto honirico. El mundo parece tan lejano desde aqui y mas aun cuando el mundo para nosotros pareciera existir del Ecuador hacia el norte. Son muchos motivos por los cuales yo pienso que el que llega aquí, no tiene muchos motivos para volver, pero igual, mantiene otros tantos para seguir pensando en el ayer, en lo que dejó atras.
He escrito muchas veces que el pasado debe mirarse una sola vez, aprender y dejarse atrás. Mantener ese derecho al olvido para darle espacio a nuevas cosas, nuevas miradas. Otras veces, he defendido, en esa dualidad humana de querer mantener los extremos, la necesidad de recordar para no cometer los mismos errores. Pero recordar, es mantenerse en un pasado que hay que dejar atrás para evolucionar. Es entonces cuando en el juego de palabras, digo, que solo el pasado se mira una vez. No mas. Se mira y se enfrenta profundamente para decirlo todo y no dejar lo que muchos llaman cabos sueltos, en nuestra mente.
Los barcos se alejan en el oleaje primaveral bajo el sol, contra la brisa que llega de oriente y mas que acariciar, golpea los rostros. Miro los rostros de los transeúntes y son rostros de prófugos. En una ciudad de la cual nadie conoce mucho, mas allá de su nombre, pero que esta allí para recibir quizás los fugitivos que buscan, al fin, el lugar donde el anonimato les da su libertad y el tiempo su derecho a renacer continuamente. Aunque al final, asi es toda América.
No creo que se deba mantenerse mucho tiempo en el ayer. Los viajes históricos son dulces nostalgias para aquellos que le temen al futuro. Aunque al final, ¿Quién no le teme a lo que no conoce? Miro el cielo y las estrellas del sur están casi sobre mi cabeza. Es el fin del mundo y el comienzo de otro. Respiro profundo, cierro los ojos y duermo."
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