Tuesday, August 16, 2011

Den Lille Havfrue

"Hans Christian Andersen no era muy amigo de los finales felices, pero tampoco podría decirse que sus finales en sus cuentos infantiles, eran finales tristes y terribles, pero si emotivos. En la Sirenita, por ejemplo, ante el sacrificio por amor de ella hacia su príncipe, que al final se enamora de otra, ella se convierte en espuma de mar ante un mal acuerdo con una bruja (siempre una bruja y no un brujo), una espuma de mar libre e infinita que posteriormente es recogida para llegar a la inmensidad del cielo. Para los místicos y religiosos, ¿acaso habría final mas sublime?

No hay peor amor, que aquel que se inmortaliza y mas aun aquel que salta de la ficción hacia la realidad. Aquel que solo puede describirse con algo lo mas parecido a un beso y leerse con una mirada hacia el atardecer en el mar. La metáfora seria cursi si existiera al menos una canción para describirlo, y un motivo, solo uno para olvidarlo. En mi propia historia de mar, sin ser príncipe fui rescatado por una sirenita y sin enamorarme de otra la dejo ser libre..., no para que se convierta en espuma de mar  y que un par de hadas mágicas se apiaden de ella y la lleven a la inmensidad del cielo, sino, con deseos mas mundanos, queda ella allí, en su playa caribeña, con sus brazos abiertos para ser acogida por el amor que tanto desea, en su mundo real. No un amor a distancia, que creer en él seria monacal, pues se amaría algo que no se puede tocar, ni sentir, ni escuchar y que jamas escuchara igual. 

A pesar de lo majestuosa de la obra de Andersen, todos recuerdan la versión de Disney.  Cuestión de marketing  y del mercado del final fácil y feliz. Alguna vez alguien dijo que el final feliz en el imaginario humano, prevalece la tranquilidad y la paz entre los pueblos, por una sencilla razón: La fé. ¿En qué? En que existe a pesar de todo finales felices, se merezcan o no. Porque al final el feliz final se gana y se merece... como todo aquello impuesto por las sociedades religiosas.

Pienso ahora en que al final, nos merecimos esta historia de libertad. Tanto como el hacer el amor o bailar en la noche. Tanto como guardar silencio para escuchar el mar que acaricia la playa o gritar entre la música de tambores y el fuego.  Ahora, después de todo, somos libres... siempre lo fuimos y el "ahora basta", mañana se escribirá seguramente otro principio... y otro final".

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