"No es muy buena idea escribir un domingo. Entre la pereza, la nostalgia del viernes y sábado que han terminado y el deseo absoluto de hacer algo útil en el día, las ideas se vuelven vagas y dejarlas en algún lado resulta difícil. Y menos cuando en algún momento anterior de la noche anterior pareciera que la iluminación de la inspiración absoluta llegara para hacer pensar en todo y no dejar dormir.
Puede ser peor la escena? Si. Mañana en San Valentin. En otro lugar del mundo al final no me diría nada o podría ignorarlo, pero entre la bruma que se posa poéticamente sobre el viejo puerto las flores y cintas rojas en los comercios, la música y la pareja que apasionadamente se besa con el rumor del mar que choca - extrañamente para ser invierno - suavemente contra los viejos muros de la antigua muralla, se completa un cuadro patético en el cual, el observador solitario suspira y trata de no pensar en nada. Y lo logra por unos segundos.
Solo un par de veces pase el San Valentin o el equivalente a ello en el hemisferio sur como protagonista del cuadro amoroso. Pero no pienso en ellos tanto con alegría o tristeza. Sonrío mas de aquellos días en los cuales el San Valentin (o su equivalente en otras partes del mundo) la pase haciendo parte del paisaje… no el observador que lo describe, sino del fondo extraordinario sin el cual el lienzo no se completaría.
Un cumpleaños extraordinario con gente de todo el mundo en torno a la música y la comida del mundo, mientras una pareja se besa en un balcón, observando los otros que hacen la fiesta, viendo que el mundo es feliz. Años después, alguien en una cena de tres. No era el observador, sino la compañía para quitarle la banalidad a un día de enamorados del sur de Brasil en junio. Un restaurante, muchas parejas y yo. Mucho después, fui una traza negra entre la nieve y el viento, recorriendo afanosamente la nieve escoltando a alguien que se deslizaba en la nieve para rescatar o acompañar a su amada accidentada. Ahora me pregunto, que escoltaba… el amor?. En todo caso fue un descenso de locos, mientras en el telesiège una pareja interrumpía su beso para vernos descender, irónicamente por una falda de la montaña llamada Valentin.
Mañana muy seguramente no pensaré en lo que escribo ahora. Ni recibiré una rosa con una caja de chocolates desde el otro lado del océano como hace un año. El día se anuncia lluvioso y gris…, lo suficiente como para quedarse a hacer el amor - pienso mientras observo como la pareja se aleja por las calles de Antibes y la bruma los cubre -… igual será lunes, en todo caso es un buen día para que un solitario como yo camine buscando la oficina de correo para enviar una postal y alimente sus historias para contar, en domingos como este."

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