Friday, January 22, 2010

Con las llaves de la sabiduria y el conocimiento...

"Ahmel es doctor en oceanografía, especialista en simulación de corrientes marinas. Lo conocí en Balatonfüred, Hungría, hace un par de años. Aunque me pareció al principio alguien un poco irresponsable, al conocerlo mejor no solo encontré a un personaje alegre, con una energía impresionante, increíblemente brillante y alguien que se acerca mas con su personalidad a un bohemio, rodeado de mujeres y una vida mas nocturna que diurna, que al cliché del científico. Lo recuerdo mucho, porque en una conversación en torno a una cerveza, en perfecto inglés (ademas que es franco-marroquí, habla perfectamente árabe, inglés, francés, portugués, alemán, ruso e italiano), tras ver como dos personajes ingleses se batían en juego tras emborracharse, hablaba sobre la responsabilidad que había sobre los doctores y científicos, decía: "uno debe tener cierta clase, pues tenemos las llaves de las puertas de la sabiduría y el conocimiento que permiten que la humanidad avance y no caiga en el obscurantismo. No solo es la calidad científica lo que cuenta, sino también, la apariencia, la calidad humana.." Recuerdo que todos reímos, , menos él que mantuvo su expresión seria, con una incomprensión por nuestra risa, pero unos segundos después comprendimos que él tenia razón. Su publico en ese momento, eramos dos estudiantes de doctorado, un ingeniero experto en computo científico.

Un año después, conocí a Axel en Italia. El es alemán pero radicado en el corazón de la comunidad universitaria en Estados Unidos de América, desde hace un poco mas de una década. Doctor en química y especialista en computación avanzada para la química molecular, ha propuesto programas de formación a científicos de todo el mundo en super-computación aplicada. Esa noche, en Trieste, después de una jornada de trabajo dura en el ICTP, compartíamos varias botellas de vino italiano. Noté con curiosidad que no se trataba de cualquier botella comprada en el supermercado, sino que eran botellas italianas especiales. Claro no las mas caras, pero si, eran botellas de Amarone. Axel me observo pues sabiendo que yo vivía en Francia, mi expresión solo podrían significar dos cosas: que el vino que estábamos degustando era tan excelente como un buen Bordeaux o todo lo contrario. Yo noté su mirada y le hice recalcar que me sorprendía que estuviéramos bebiendo botellas tan especiales. El soltó una carcajada y dijo: "Somos científicos, no limosneros, de estas reuniones asi, es que surgen las ideas que revolucionan la humanidad, hay que exaltar lo que los griegos llamaban el espíritu y que mejor que con una excelente botella de vino?.

Conocí el Amarone por mi primo Felipe, doctor en Física de la materia condensada. En ese entonces hacia un postdoc en la centenaria Universidad de Padova, en el Instituto de Física Galielo Galilei. Ahora radicado de nuevo en Colombia como profesor en la Universidad Nacional, en una visita que hice rápida a Colombia, una semana antes de defender mi tesis doctoral en informática, en Francia, hablé con él y me dijo, extraordinariamente, mientras hablábamos de lo que iba a yo hacer después, cambiando a un tono serio: "Ser doctor es una responsabilidad increíble, cuando realmente se ha hecho un doctorado que va mas allá del diploma. No es un diploma mas, un escalafón jerárquico, no. Es el aceptar pensar a vida por la ciencia y la técnica. Yo vine a entenderlo cuando después de haber terminado mi doctorado en México, me fui para Alemania. Muy pocos entre nosotros, llegan a entenderlo. Pero creo que con todo lo que hemos hablado, usted ya lo sabe."

La verdad, no siempre lo supe. Como no siempre supe lo que representaría para mi, íntimamente, como a los muy pocos que hemos logrado una tesis doctoral después de años de dedicación y esfuerzo, no solo en estudios, sino también en lo personal. Mi hermano bromeaba respecto a eso, él decía: "usted va a morir como un pollo, bien preparado". No deja de ser gracioso pero, igual es una frase falsa. Al terminar mi doctorado, lo que para muchos implica una jerarquía máxima en la pirámide de formación profesional y académica, en realidad es una certificación para comenzar a hacer ciencia. O por lo menos, tratar de hacerla.

Otra conversación que recuerdo hoy, ya no en un sitio especifico, pero si a través de un medio, es una que tuve con un gran amigo a quien admiro mucho. Juan Carlos. Juan Carlos es doctor en geología, hoy en día trabaja para el servicio geológico candiense y su carrera académica y profesional ha sido interesante. Nos conocimos jugando a hacer ciencia en los noventas en la Universidad donde hice mi formación de base en ingeniería de sistemas y el en geología, en el seno del grupo de aficionados a la astronomía. Desde entonces, hemos estado en contacto, discutiendo sobre ciencia y política sobre todo. En una de nuestras conversaciones via algún cliente de chat en Internet, tratábamos el punto de la valorización del trabajo y como en nuestro país de origen, el verdadero trabajo científico no se valoraba y si, los que hacian un doctorado por el diploma, lo hacían por escalar una posición, casi de una manera castrense y encontrar una remuneración, solo por su diploma y no por su trabajo. Pues ser "doctor" era tan importante como ser "general" (De ahí que muchos ven y buscan el doctorado como un escalafón y hacen sus supuestos doctorados en el lugar donde fácilmente obtienen un diploma, no una experiencia de formación). Esa vez, recuerdo, Juan Carlos decía, que " en realidad, a uno como doctor no solo debería reconocer su capacidad, sus largos años de estudios y experiencia, sino también la responsabilidad que uno asume ante una comunidad, no solo la científica, sino la comunidad internacional en general, pues la ciencia y sus implicaciones van mas allá que cualquier frontera. Cuando uno asume su papel doctoral, su responsabilidad, esta asumiendo al mismo tiempo las consecuencias de sus estudios, de sus decisiones, de sus apreciaciones...". Yo agregaría que no solo se debe reconocer la capacidad sino la responsabilidad asumida ante la incapacidad.

Hoy, un día después de haber asistido a la tradicional ceremonia de nuevos doctores de la Universidad de Niza, me siento algo extraño. Todas esas frases y conversaciones, otras que no publico (por cuestión de pragmatismo) vienen a mi cabeza ahora. Me siento satisfecho, si, pero igual en mi hay un vacío tan grande como cuando en 1993 terminé mis estudios de bachillerato. Incluso podría decir que cuando obtuve mi diploma de ingeniero en el 2002, me sentía "armado", por decirlo de alguna manera, mas competente, listo para enfrentar al mundo. Ahora, siendo "doctor", sé que me falta mucho por aprender y mucho mas por des-aprender. Muchísimo por comprender respecto a mi área especifica de trabajo, para poder aportar al conocimiento. E igual sobre mi recae una responsabilidad sobre la reflexión para aportar al desarrollo. A la humanidad".

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