
Algunas veces lloro. Y aunque pareciera fácil, no lo es. A veces lo hago de alegría, pero muchas veces de tristeza. Mi llanto, mas que hacerme débil, me hace fuerte. Se que mucha gente no se puede imaginar mi llanto, pero aquellos que me conocen saben lo que significa mis lagrimas cayendo sin control alguno, a pesar de todos los esfuerzos, recorriendo mi rostro. Pocas personas lo han visto. Aquellas mujeres que han llegado conmigo al día siguiente lo saben. Aquellos amigos con los que he compartido la lluvia, o un atardecer lo han visto. Mi padre, mi madre y mis hermanos. Aun treinta y algo de años despues.
Esta noche mis lagrimas bajaron despues de la risa. ¿Acaso hay mejor forma de llorar?. Lo peor, es que en ultimas es llanto de tristeza. Esta noche, pienso en todos aquellos que han tenido el sueño de pertenecer a una gran nación, y han muerto, simplemente en la desesperanza y la ironía. Sabiendo que han arado sobre el mar y construido sobre el viento, con anhelos mas que con sueños.
Esta noche reí un rato viendo el siguiente programa, una creación televisiva de los años noventa, mucho mas vieja que South Park, pero menos conocida y entendida en Colombia. La serie es incluso mas vieja que Los Simpson (Claro, El Siguiente Programa no es tan original púes algunos dirían que es una banal copia de Beavis and Butthead).
Recuerdo que alguna vez vi una entrevista que le hacían a Matt Groening, en la que él decía un poco desilusionado, que lo que le entristecía en medio de todo el éxito de Los Simpson o Futurama, era que la gente no entendía que se trataba de crítica y no de un simple programa de dibujos animados. Para él, lo peor era que millones de estadounidenses ven sus programas y después de 30 minutos de risa, la gente sale a vivir su propia version de Springfield. Me pregunto que pensaran Martín de Francisco y Santiago Maure ahora. Y me lo pregunto porque no se si puedan decir algo, al ver un país sumido en el fascismo, no porque sean proféticos ni los grandes intelectuales de Chibchombia, sino pues al fin y al cabo, observadores, ellos tenían razón... todo puede llegar a ser peor en esas tierras.
La historia de Chibchombia, es una historia escrita con sangre y desilusion. Pero la sangre tristemente se oculta con las cenizas del olvido y la palabrería de los que se auto proclaman lideres. Lideres? Allá en ultimas es fácil, solo basta la propaganda. El resto es poder del terror y de la ignorancia. Incluso la mía.
Lloré al ver la historia de Chibchombia. De como al final hubiera sido mejor continuar siendo Iguazolandia que convertirse en El Ubérrrimo. Lloré al ver el final, viendo como la caricatura de Bolívar moría deseando huir de la tierra por la que él lo había dado todo. Aun en su lecho de muerte esperando que su muerte no fuera en vano y se consolidara una nación. Bolívar muere traicionado por aquellos por quienes dio su vida. Diciendo que lo mejor que se puede hacer allí, es emigrar. Deseando venir a Francia. Entonces fue allí cuando recordé que me sentía mas extranjero en mi país que acá, en Francia. Y fue allí cuando tristemente recordé que al final nuestros mejores amigos, hermanos e hijos que han muerto por nada. Generaciones de los mejores Chibchombianos han muerto traicionados, desilusionados, solitarios (otros tantos han sido masacrados y olvidados). Personas que van desde aquellos que han sido beatificados y sobresaltados por los señores de esas tierras (y hasta por uno u otro que se autodenomina revolucionario), pasando por aquellos que la otra historia, la historia conveniente, hace olvidar.
Si, sobre todo pienso en los desconocidos... y no en aquellos que murieron inocentemente por estar ahí. En aquellos que desconozco sus nombres. En aquellos que murieron siendo culpables. Incluso pienso ahora que la mamertada también ha querido crear beatos y santos, como aquellos a los que tanto critican. Tanto que ya no se sabe quien es quien, ni quienes en realidad somos nosotros mismos. A lo mejor al final seamos el ejemplo a no seguir (como me diría una vez un amigo y como yo lo diría mucho antes a otros).
Al final, el llanto ha cesado y solo pienso que en un día en la vida, cada día, no los olvido. No soy mejor que ellos, quizás sea peor porque no puedo dar mi vida por un anhelo. Pero los recuerdo, tal como son. Incluso sin conocerlos pienso en ellos. Y sé que no soy el único en recordarlos... y en demarrar una lagrima no solo por su vida y muerte, sino por lo que quisieron alcanzar y jamas fue alcanzado. Al fin y al cabo los hombres y mujeres son quienes son,por lo que hacen, por lo que hicieron en realidad, no por la versión que se dice que fueron ellos.
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