La necesidad de reconocimiento y la ausencia de esa valoración individual que viene de los otros, que da la fraternidad, es lo que al final alimenta el ego, mas allá del placer instantáneo, de la ambición y la envidia. Claro, esta el deseo hacia lo que tiene el otro y eso no se puede negar, pero, ¿y si se tuviera lo propio y se garantiza esa apreciación y respeto, en seguridad y bienestar? La respuesta es fácil, pero para eso, la misma sociedad humana moderna predominante entraría en una crisis poco rentable, pues la competencia y la rivalidad pasarían a ser poco monetizables, pues la monetización desaparecería ante la colaboración, y claro, la civilización se transformaría en fraternidad. No era tan dulce como el anterior (o los dos anteriores en realidad) tragos que acompañan la tormenta de abril. Al fin llovía. Un viernes de abril, el último, e intentaba recordar otros abriles de otros años. Ya no era tan fácil, pues las fechas se revolvían entre recuerdos de amor, de fraternidad, de odio y de rutina. Pocos eran aquellos momentos realmente magnificados lo suficiente como para ser parte de un historia maravillosa, mas bien, se convertía en algo que incluso al escribirse podría ser tan aburrido como el mirar el techo. En todo caso, mirando la calle desde su balcón, a pesar de la lluvia, si recordaba aquel abril lluvioso igual bailando en La Puerta con ella. No añoraba aquello, pero era suficiente para pensar que los abriles, pueden ser mágicos en algún momento.
Por otro lado, esta el problema tanto de lo racional como de lo esotérico. En ambos casos se piensa en aquella ganancia tanto necesaria como sobrante que aporta a la acumulación de bienes y no tanto a la colección de vivencias. Pero, diría que la misma competitividad no sería por ganarle al otro, sino por ser mejor. Y allí, la retribución y reconocimiento juega un rol interesante, que en algún momento los ancianos y las lecturas antiguas dicen que se garantizaba, gracias al mérito, pero que no es muy claro si se es un poco observador al respecto. Se piensa entonces, que el anhelo en realidad era lo que estaba allí, ese deseo de honorabilidad. Pero la posesión triunfante de hoy dia, no tiene nada que ver con el supuesto honor. O no en la mayoría. Había caído en cuenta que su cinismo y exceso de materialismo serían nefastos en una noche como esta. Pero, en medio de la conversación, tal vez por los años, el poco de Cognac que le quedaba mientras ella tomaba un poco de Vermont, casi llorando, logró empoderarla realmente. Alguna vez habia sido una mujer hermosa. Incluso las veces que tuvieron sexo a pesar de los años, de su descuido y demas él la había visto asi. Ahora, desde que decidió nunca mas tener sexo con ella, por motivos mas propios que ajenos, la veía así, pero ella no. -Algún dia sera libre - se decía mientras la dejó sonriente. Y si, ya no la deseaba, pero la amaba. Y ella, bueno, siempre lo había amado pero tendría que vivir con la frustración de no volver a estar con él, por deseo.
No han cambiado los tiempos, en esencia, solo es la tecnología y las consecuencias de la rutina y el objetivo de acumulación. Sin embargo, entre el conocimiento y el arte, las conversaciones y la misma naturaleza, la humanidad lentamente se transforma en fraternidad. Sin embargo, aquellos que por miedo, marchan con odio, ponen en riesgo esa transformación y creación colectiva. Al intentar entenderlos, sus argumentos son tan peligrosos como insensatos, pero se repiten y se despliegan exitosamente que hace que se piense en una frustración respecto a cualquier cambio y que la abnegación misma sea la única salida ante el supuesto triunfo del odio y de la arrogancia. Es una cuestión de velocidades y de no guardar silencio. Afortunadamente nunca mas se volvieron a ver. Y ella lloró mucho al saber de su muerte, aunque esta fue fingida. Otra vida, otro olvido. Igual, él moriría un poco de años después, en una de esas batallas perdidas de las mismas guerras que los unos mantienen contra los otros por codicia y costumbre. Aunque a solo los unos son por codicia y los otros por ese anhelo de liberta posible. No se supo a ciencia cierta en que bando estaba él y ella nunca supo de sus actividades ni mucho menos que su muerte, había contribuído a debilitar a los unos enormemente y también a los otros. Es entonces cuando se sabe que toda vida, una, es valiosa. "
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