"No había mucha luz que entrara por la ventana y esa era la intención. Afuera, una suave llovizna, gris y fría mantiene a la gente fuera de las calles. Un domingo de febrero. Cualquiera. Hay domingos en los cuales se acostumbra a dormir la mayor parte del dia, ignorando lo que pasa afuera, aun más si son mañanas grises de invierno o tardes azules de extraordinaria calma entre las montañas. Dormir, mas que hacerlo por descansar, para muchos se convirtió en escapar. Y entre sueño y sueño, hay momentos de extraña lucidez en la que las conversaciones, momentos, miradas del pasado y modelos mentales acerca del futuro aparecen, dándole respuestas a muchas preguntas, o mejor aún, planteando las cuestiones correctas. Pero no duran lo suficiente para poder concretarse en algún lado o en lunes o martes posterior.
Adentro, solo se observa el techo. Liso. Sin relieve esta vez. Años después, en el futuro, sería otro techo, la televisión, y el recuerdo de una conversación que podría haberse llevado a cabo algún domingo de letargo entre dos cuerpos y sexos que se encuentran o por teléfono. El resultado es el mismo. Las palabras, al final en ese momento de lucidez se retoman y se desdibujan: "eres un buen partido". Y si. Los hechos lo han dicho, pero esos hechos no son suficientes y es preciso por eso que las vicisitudes humanas comienzan con frustración. No importa en realidad lo bueno que se sea. Quizás si lo malo. Y por eso se duerme mejor en algún momento, para escapar a ese peso de ser "el buen partido", y simplemente caer en desesperanza. En un mundo que se vive a cuarenta y dos horas por semana facturadas, no hay tiempo para la depresión. Por eso, aquella somnolencia de domingo es realmente importante. Se escapa.
No importa al final si todas las noches se abrazo su cuerpo para proteger sus sueños, eso no garantiza que llegara aquel domingo juntos, pues los seres humanos somos temporales y lo único trascendente realmente fue aquella conversación, aquella noche, siempre algún dia, de alguna manera termina. A pesar de las palabras que se llaman de amor, a pesar de las miradas, lágrimas, risas, orgasmos, sueños dados en medio de su frivolidad. Si se piensa en algo sensato en ese momento de lucidez que pueda durar lo suficiente hasta el martes es que si, el amor muere. Y como un muerto debe pensarse en el otro para dejar de amarlo y aprender que la misma temporalidad humana nos llevará a otros domingos, y tal vez otros amores, pero con la sabiduría que de aquello de ser "el buen partido" no garantiza nada. Los humanos para ciertas cosas no aprenden mayoritariamente, si lo hicieran... ¿Donde estaría el riesgo y la emoción?. Afortunadamente siempre hay quienes siguen siendo románticos y soñadores, a pesar de ser desechados.
Ese, podría decirse que es el precio que se paga por inspirar. No es una cuestión de finales felices, de regresos, perdones y segundas partes irreales. Se aprende (eso sí) a no esperar nada pero tampoco a quedarse en letargo. Solo, simplemente se llega a ser libre realmente, único, con el egoísmo preciso para no caer en la tristeza y sobrellevar la existencia para avanzar hacia el lunes, hacia el martes, hacia años después en los que otra vez es otro domingo de febrero. Y justo ahí, aquellas palabras claras que solo resisten un párrafo se desvanecen en momentos de somnolencia para simplemente terminar el domingo, escapando. Durmiendo otra vez. Puede que no haya más palabras de amor, pero cuando aparecen las preguntas adecuadas, otra vez, se escapa."

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