"En todas las historias de amor, desde tiempos lejanos, de espadas y dragones, los príncipes y caballeros luchaban contra el tiempo y la maldad, la tristeza y la desesperanza, por su amada. Cuentos y leyendas escritas en hojas que se envejecen, que fueron por muchos años, hasta hace unas pocas horas quizás, los temas de canciones y pinturas, lagrimas y sonrisas. Ninguna historia, entonces, realmente conocida, de luchas femeninas entre pantanos y tormentas, por amores masculinos. Muy pocas, ignoradas entre hojas amarillas de bibliotecas, cuentos y leyendas que se alejan entonces de lo que se esperaría que fuera la igualdad de genero. Y menos en horas actuales. Horas de firmeza femenina ante la opresión y sumisión masculina. Miradas de desconfianza, ante la debilidad de tener que rescatar, o peor aun, ante la certeza de una lucha, para lo cual, como se ha aprendido desde tiempos medidos, que las luchas rara vez son mutuas, ya que la princesa espera en la prisión de cristal de la torre del castillo mientras el caballero puede morir en las llamas del dragón, o caer al foso sin fondo. A veces, ella misma es el dragón.
Ya no hay leyendas. Y las horas no son marcadas por granos de arena, sino por segundos y finanzas. Las palabras, son eso. Letras organizadas, repetitivas que cansan, como la misma cotidianidad y convivencia. La desconfianza, incluso ante los hechos, hacen que no se merezca ni un suspiro. Solo quizás, la absoluta necesidad de olvidar, no de recordar, para encontrar en algo del pasado, lo suficientemente fuerte y valioso, místico, para emprender aunque fuera una escucha. Pero en estos tiempos, lo pragmático sobresale frente a lo romántico. Y las lagrimas masculinas son tan ridículas, que solo demuestran debilidad. Y la debilidad es derrota, y ante la derrota es mejor partir. Dejarla a un lado, hasta que los buitres recojan el ultimo hueso de algo que simplemente se debe desechar.
Una madre tal vez entienda de las luchas hacia su hijo, hombre. Y su tristeza, sea lo suficientemente entendida para recoger con sus labios sus lagrimas. Pero entre amantes, como alguna vez se dijo y se repitió en un tiempo, la comprensión, la verdadera "prueba" de todos los amores, no merecen ni un suspiro. Tal vez, por eso las cosas deben permanecer entre amantes y no entre enamorados y valorar la convivencia mutua, si garantiza la procreación. La fortaleza y firmeza no podrá considerarse de estar "firme junto a...", sino aquella que mantiene pesé a todo la supuesta insumisión ante el amor. Por los motivo que fuera, ninguna vida es suficientemente fuerte, ningún momento o colección de ellos puede hacer que el amor realmente sea para "siempre" o peor aun, que tenga algo de valor como para luchar contra un dragón, saliendo de la jaula de cristal, igual si el caballero esta cayendo en el foso. Es mejor que caiga, otro vendrá. Otra historia seguramente se dará. La naturaleza garantiza que realmente los mas fuertes y firmes, sobrevivan.
Las historias de amor, son machistas. Porque son reales. Es simple, la sensibilidad y fragilidad, no garantiza evolución, es debilidad, desde las sociedades primarias, hasta aquellas que se consideran en madurez. El problema es para los que románticamente, creen que si caen en sus luchas, serán rescatados por aquella a quien consideran su compañera de viaje. En el mundo pragmático, ironico, de los años en que si se escribe en mas de 140 caracteres es aburrido y si dura mas de tres minutos es eterno, se ha heredado todo aquello que garantiza desconfianza.
¿Y la fé? La religión solo oculta aquello que es humano, y la fé en alguien o en si mismo, puede ser explicada como abnegación o egocentrismo. En todo caso, en mundos como el nuestro, hay quienes creen que la trascendencia, la insistencia y el romanticismo, ayudan a que la humanidad no se destruya en soledad, que los cuentos de hadas sean humanos y que la igualdad de genero es un compartir, una lucha mutua contra todo aquello que fácilmente separa y va contra dos. Puede que duela un poco el proceso, pero algún dia, unos labios besaran sinceramente las lagrimas antes de hacer el amor..., sin palabras. Otro día, no demasiado tarde, tal vez, un aliento sea suficiente para continuar la dura jornada, o simplemente una mirada de ternura, dirá solo bésame, no me des mas explicaciones de nada. Unos labios y un cuerpo, que en su roce, harán los ruidos sin palabras de lo único que hay que decir. Eso es fé."



