"Es viernes y el mundo sigue su curso. Es normal aunque para algunos se haya detenido es más lo que sigue adelante que lo que puede parar. A veces, hace falta hacerlo, detenerse un poco, pero al hacerlo, los viejos temores y pensamientos llegan y las miradas al pasado no son tan fáciles. Tanto, que se quisiera que aquello que nos muestra esa mirada jamas hubiera pasado.
Si leyera alguno de los posts anteriores otra vez, quizás encontraría mensajes contradictorios respecto a la necesidad de recordar. Si, a veces hace falta, pero igual hace falta olvidar. Y entre más profundas y personales son aquellos recuerdos, más presentes se hacen esos pasados. Naturalmente, el olvido es necesario para liberar espacio de memoria, pero más allá, libera almas en realidad, más que cualquier doloroso o dulce recuerdo.
En otros podría considerarse repetitivo. Una bipolaridad absoluta sobre lo trascendental y lo poco importante, entre lo que se quiere y entre todo aquello que se odia. Se escribe, se interrumpe la escritura. Se llora y luego se disfraza todo con una sonrisa. Y a veces cuando la inspiración o cualquier motivación hace que algo tome un curso diferente, aquel que nos gusta, eventos inciertos nos devuelven a un camino, hasta el miércoles.
Es miércoles ahora y las palabras ya no se repiten tanto, no porque no existan sino porque no hay tiempo para releerlas o notarlas. Se pasa por la vida muy rápido, más que el tiempo. Una carrera constante por algo. ¿Qué? No se sabe en realidad, aquello que dura sólo un instante y que incesantemente se busca en esa correría. Todos son conscientes de eso y aunque alguna vez se promulgue una pausa para observar un poco el camino recorrido o el horizonte o simplemente para no hacer nada, pocos quieren pensar en ello. No porque no haya tiempo, sino que al hacerlo, toda esa carrera pierde sentido. Y la carrera debe continuar.
Es un día soleado. Sin ninguna razón para evocar la tristeza o la nostalgia. Las razones del viernes fueron borradas el lunes y así inicia un proceso de borrado total y necesario. Motivado por aquella frase que la mejor ofensa es la inexistencia y el mejor castigo es el olvido. La carrera de la vida en la que se embarca muchas veces ayuda a eso, a borrar aquello que fue alguna vez trascendental..., el resto de trabajo lo hace el mismo transcendentalismo agotador. Y cuando se trata de personas importantes del pasado, son aquellas que llegan al presente o ellas mismas del pasado que se encargan de borrar su importancia. Aun asi, categóricamente yo sigo siendo importante y mi ego explota, yo olvido pero no seré olvidado. Una buena frase, casi bíblica a utilizar algún día más allá de las terapias de grupo.
Entre viernes y miércoles el camino por el que se corre se reconstruye, la memoria se purga y nuevamente el tiempo no alcanza, por la velocidad de la vida. No importa en este momento, es excitante y aunque le robé diez minutos a la carrera, otra vez me lanzo como pocos del resto, solo que el camino es extraordinario, no hay rutina más allá de la no-rutina. "