"A veces se piensa que hacen faltan días de mas de veinte y cuatro horas. Mas que a veces y mas que pensarlo, termina siendo un deseo recurrente para lograr aquello que no se ha alcanzado, en un mundo donde el tiempo es poco y la información es exagerada.
En cinco minutos se acabara, por hoy, las opciones de un ida laboral típico en este lado del planeta. Un final de jornada que deja mente y cuerpo agotado, pero poca motivación para continuar una noche, mas allá del cansancio. Ojos rojos, que no pueden ni leer un libro, una mente que divaga entre la somnolencia y la frustración, como para hacer algo mas allá que la productividad y el miedo del nuevo mundo exige. Un poco triste en realidad, dejar de ser humano para convertirse en algo menos que una máquina.
El tiempo para pensar se sueña, quizás en un espacio como el transporte público que lleva a los personajes - no tanto personas - a sus lugares de absoluto reposo. Donde igual, sin tiempo para la reflexión, la información llega e inunda, manda a dormir. Y solo algunos, quizás entre los que a veces me cuento, escapan a un bar sin ventanas, ni televisión, ni videos, ni Internet... ojala con pésima recepción de señal telefónica, para encontrar el significado del silencio, o del murmullo de la música suave que susurra algo que no se busca entender sino simplemente escuchar, sentir en los oídos.
Pienso en los días de mas de veinte y cuatro horas, no para trabajarlos, sino para poder vivirlos... o desperdiciarlos conscientemente. Es entonces cuando recuerdo que aquello que va mas allá de 24 horas se llama semana... y me adormezco tranquilamente sin culpabilidad".