
" Es muy difícil no descender del bus con tardes como las de estos días de primavera. Desde la gran ventana de la oficina, me distraigo observando como la linea del mar, cambia de color desde el dorado hasta el azul profundo. Espero ansiosamente que la jornada de trabajo terminé para tomar aquel bus que me llevara hasta la orilla de la costa azul. Claro, no soy el único.
Podría continuar hasta solo unos metros de mi guarida, pero prefiero descender unos kilómetros antes y caminar, ver y sentir incluso como el mar azul se tiñe de naranja y rojo, antes de la llegada completa de la noche, cuando sigue siendo azul y como un espejo refleja en la orilla las luces de la ciudad, confundiéndose como en un enorme espejo con las luces emitidas por los astros en el firmamento.
Cuando comienzo a caminar, escucho la música del mar que choca contra las rocas y barreras en la playa. Las conversaciones y risas de la gente. Cientos de personas, de diferentes nacionalidades que pasean por la "Promenade", haciendo parte de un paisaje que algún fotógrafo, profesional o no, o algún pintor plasmará como en el pasado muchas veces aquella tarde. Es extraño, como aquel lugar, donde muchos corren, muchos caminan, otros se detienen para contemplar la costa azul, otros juegan, otros aprietan sus manos y otros se besan, otros simplemente observan y suspiran, se ejerce un poder, casi mágico, entre la libertad y la tranquilidad. Cierta satisfaccion que puede atrapar e inmovilizar.
Mis pasos siguieron desde Magnan hasta llegar al Vieux Nice. Vi como adultos como niños, alzaban sus brazos para recibir el agua aun fría del mediterráneo con cada choque sobre las rocas. Como los amantes buscaban un beso antes que se pudiera distinguir la primera luz en el cielo diferente al sol en medio de la inmensidad del azul. En la costa azul. Me va a hacer falta sin duda caminar por allí, pero ahora que lo pienso, fue el mismo mar que me susurro (y algunas veces podría decir que me grito) que ya era tiempo de partir. La pausa para pensar, había pasado y sin duda no encontré mejor lugar para hacerlo que allí. Si, miro al horizonte y alli donde se funde el azul del mar con el azul del cielo aparece un gran horizonte. El viento cálido del sur llega y las olas, como indicando que ya me esperan para zarpar, se abren y superponen sobre la superficie como quien coloca una alfombra.
El cielo es naranja, rojo y las luces de la ciudad se encienden. La noche anuncia su llegada pero aun así los caminantes de la Promenade des Anglais siguen su trayecto, la noche no les impide ser parte de aquel paisaje. Suspiro y le doy la espalda al mar... por ahora."
Podría continuar hasta solo unos metros de mi guarida, pero prefiero descender unos kilómetros antes y caminar, ver y sentir incluso como el mar azul se tiñe de naranja y rojo, antes de la llegada completa de la noche, cuando sigue siendo azul y como un espejo refleja en la orilla las luces de la ciudad, confundiéndose como en un enorme espejo con las luces emitidas por los astros en el firmamento.
Cuando comienzo a caminar, escucho la música del mar que choca contra las rocas y barreras en la playa. Las conversaciones y risas de la gente. Cientos de personas, de diferentes nacionalidades que pasean por la "Promenade", haciendo parte de un paisaje que algún fotógrafo, profesional o no, o algún pintor plasmará como en el pasado muchas veces aquella tarde. Es extraño, como aquel lugar, donde muchos corren, muchos caminan, otros se detienen para contemplar la costa azul, otros juegan, otros aprietan sus manos y otros se besan, otros simplemente observan y suspiran, se ejerce un poder, casi mágico, entre la libertad y la tranquilidad. Cierta satisfaccion que puede atrapar e inmovilizar.
Mis pasos siguieron desde Magnan hasta llegar al Vieux Nice. Vi como adultos como niños, alzaban sus brazos para recibir el agua aun fría del mediterráneo con cada choque sobre las rocas. Como los amantes buscaban un beso antes que se pudiera distinguir la primera luz en el cielo diferente al sol en medio de la inmensidad del azul. En la costa azul. Me va a hacer falta sin duda caminar por allí, pero ahora que lo pienso, fue el mismo mar que me susurro (y algunas veces podría decir que me grito) que ya era tiempo de partir. La pausa para pensar, había pasado y sin duda no encontré mejor lugar para hacerlo que allí. Si, miro al horizonte y alli donde se funde el azul del mar con el azul del cielo aparece un gran horizonte. El viento cálido del sur llega y las olas, como indicando que ya me esperan para zarpar, se abren y superponen sobre la superficie como quien coloca una alfombra.
El cielo es naranja, rojo y las luces de la ciudad se encienden. La noche anuncia su llegada pero aun así los caminantes de la Promenade des Anglais siguen su trayecto, la noche no les impide ser parte de aquel paisaje. Suspiro y le doy la espalda al mar... por ahora."
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